09/28/2026
Llevo una temporada bastante complicada. Algún día contaré toda la historia por la que estoy pasando, porque creo que también forma parte del camino, pero todavía no es el momento.
Hoy ha sido uno de esos días en los que he tocado fondo y, curiosamente, también uno en los que he conseguido hacer algo que llevaba mucho tiempo sin poder hacer de verdad: aceptar. Aceptar dónde estoy, dejar de luchar mentalmente contra lo que ahora mismo no puedo cambiar y confiar un poco más en el proceso.
Y entonces pasó algo curioso. Primero recibí un nuevo encargo para pintar una pared y, poco después, mi amigo Pau, que está estos días en Miami con CURATED, me envió esta foto.
La gente de CURATED le había entregado un cheque con una condición muy especial: utilizarlo para ayudar a alguien de su entorno que estuviera luchando por sacar adelante su proyecto, alguien con verdadera vocación y amor por lo que hace. Una manera de devolver la ayuda que ellos mismos recibieron de otras personas cuando estaban empezando y atravesando momentos difíciles.
Y Pau pensó en mí.
No os voy a engañar, me puse a llorar.
Sí, soy extremadamente sensible. A veces incluso he maldecido esa sensibilidad porque cuando algo duele, lo siento muchísimo. Pero también sé que sin ella no sería quien soy ni crearía el arte que creo. Es un precio que, al final, pago con gusto.
Creo mucho en las energías. Puedes llamarlo energía, sincronía, casualidad o simplemente vida. Pero justo hoy, cuando de verdad conseguí aceptar el momento que estoy atravesando, llegaron estas dos cosas prácticamente seguidas.
Quizá no signifique nada. O quizá sea simplemente la vida diciéndome: “Sigue.”
Y eso voy a hacer. ❤️