10/10/2026
Anécdotas de una mente no lineal No.10
Paseos inesperados y toallas sanitarias
Marcela, fue una nana cálida y profundamente humana que acompañó a Lalo durante el tiempo que estudió su primaria en la Tlalne. No sólo lo cuidaba y lo alimentaba, sino que también se divertía de corazón con él.
En esa etapa de la vida de Lalo vivimos muchos cambios de casa yendo de Xalapa a Coatepec y Marcela fue muy solidaria con nosotros cosa que le agradeceré siempre. Ella se adaptó con toda su voluntad y buena disposición para estar cuándo y dónde la necesitamos.
Como hemos visto, Lalo era un niño diferente y por eso le daba más risa a Marcela ser testigo de sus ocurrencias. Además, ella sabía cómo yo lo estaba educando estimulando su aprendizaje, y respetaba eso; aunque no siempre lo comprendía. Entonces resultaba que la curiosidad e inocencia de Lalo, le daban también mucha ternura.
Le tenía un genuino cariño a Lalo, y eso me bastaba para confiar profundamente en ella, además de ser una mamá admirable de tres niñas.
En ocasiones, especialmente cuando no había clases y yo tenía trabajo; Marce —como la llamamos—, lo llevaba a su rancho cerca de Coatepec, donde jugaba con sus hijas y sobrinos. En ese entorno, Lalo se sentía libre, acompañado y profundamente escuchado.
En los días de escuela cuando Eduardo regresaba a casa en la combi, Marce ya lo esperaba, le daba de comer y lo acompañaba en sus actividades de natación y quehaceres hasta la tarde en que yo llegaba del trabajo.
Aunque a veces Marce se sacaba de onda, le cumplía sus caprichos a Lalo. Por ejemplo hubo un tiempo en que vivimos frente a un panteón y para Lalo uno de sus paseos favoritos era que lo llevara Marce a visitar la tumba de un niño.
En ese sitio había un altar con todo tipo de curiosidades y ofrendas como rehiletes, cochecitos, refrescos y hasta dulces que lograban verse desde fuera por las ventanitas de la capilla. Lalo describía aquella tumba como “preciosa y barroca, de colores: azul, rosa y dorado… como un pastel”. Le encantaba!!
Hace poco volví a esa tumba en su nombre y dejé unas flores. Ya no tiene los tonos dorados, pero sigue siendo ese rincón que él miraba con asombro.
Y así como preguntaba por tumbas, también preguntaba por toallas sanitarias. En una visita al súper, ya habían terminado de hacer las compras y Lalo se regresó corriendo por unas toallas sanitarias para su mamá. Le parecía que yo podía necesitarlas y le preguntó a Marcela si sabía para qué servían. Marcela teniendo a la cajera como testigo, intentó explicarle con timidez que “eso les pasa a las niñas cuando ya son mujeres”. Pero Lalo, fiel a su estilo desenfadado, le respondió: “¿Y eso ya te pasó a ti?”. Marcela se reía con ganas al contarlo, reconociendo que él había sido educado para preguntar sin miedo.
Marce fue esa figura que, sin protagonismo, sostuvo con ternura y eficacia muchos de los hilos cotidianos que tejieron la infancia de Lalo. Acudió más de una vez a las juntas de padres a la Tlalne en mi representación y como siempre le dije, si hay que tomar decisiones, decide como si se tratara de una de tus hijas.
Gracias Marce, este es un pequeño tributo a ese cariño y cuidado que le diste a Lalo.
Eduardo ya no está físicamente conmigo. Falleció en Veracruz el domingo 5 de octubre de 2025, a los 26 años. Vivió con Trastorno Límite de la Personalidad, y su mente —no lineal, intensa, luminosa— fue para mí una fuente inagotable de aprendizaje y creatividad.
Publicado originalmente el día 20 de octubre del 2025 por:
María Aldara Fernández
Si este texto es compartido, se solicita a los lectores citar a la autora:
Fernández Palomo,M. A. (2025). Anécdotas de una mente no lineal.