06/10/2026
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De la serie de mensajeros la obra "Dónde el mensaje florece" que explora la relación entre la vida y la muerte a través de la memoria, la identidad y las creencias heredadas de las culturas prehispánicas.
La obra parte de la antigua concepción simbólica del colibrí como un ser capaz de transitar entre distintos planos de existencia. Desde esta mirada, su presencia puede interpretarse como un mensaje de quienes ya no están: un saludo que cruza la frontera entre la muerte y la vida para recordarnos que los vínculos afectivos no desaparecen con la ausencia.
En el centro de la composición, una caja torácica representa el cuerpo que ha dejado de existir, pero que permanece como recipiente de aquello que alguna vez estuvo vivo. De ella emerge un conjunto de flores de cempasúchil, símbolo profundamente ligado a la memoria y a las tradiciones mexicanas en torno a la muerte. Entre las flores y los huesos aparecen los colibríes, estableciendo un diálogo entre ambos mundos.
El fondo oscuro representa ese espacio desconocido que separa y, al mismo tiempo, conecta la vida con la muerte. La luz y el color de las flores y las aves irrumpen en él como una metáfora de la memoria: incluso en medio de la ausencia, permanece aquello que nos une a quienes amamos.
Mensajeros no busca representar la muerte como un final, sino como parte de un ciclo en el que la memoria, el amor y la presencia de nuestros seres queridos pueden permanecer de otras maneras.
Es una invitación a mirar un colibrí y preguntarnos: ¿y si algunas despedidas no son realmente despedidas, sino una forma distinta de volver a encontrarnos?