26/03/2026
El Nazareno y el brillo que no alumbra la fe
Bajo el cielo de Chalchuapa, el tiempo suele medirse en siglos, no en trienios. Hay una memoria tallada en los adoquines y un eco de oraciones que ha impregnado las fachadas de sus calles emblemáticas. Por más de doscientos años, la mirada serena de la Consagrada Imagen de Jesús Nazareno ha sido el faro que guía los pasos de una población que no solo observa el paso de un cortejo, sino que camina su propia historia sobre alfombras de aserrín y devoción. Sin embargo, este año, el mapa de la fe ha sido alterado por un trazo ajeno al sentimiento popular.
La decisión municipal de desviar el recorrido procesional para proteger un corredor turístico —un espacio ahora saturado de luces LED y estridencia de fin de semana— se siente como una grieta en el corazón del patrimonio intangible de la ciudad. Se ha priorizado el brillo artificial sobre la luz de los cirios; se ha elegido el comercio efímero sobre la meditación profunda del Vía Crucis. Al privar al Nazareno de pasar al costado del parque y frente a la municipalidad, no solo se cambia una ruta logística; se interrumpe un diálogo sagrado entre el pueblo y sus espacios más simbólicos.
Esas calles, que hoy se visten de modernidad impuesta, son las mismas donde las familias se arrodillan para ver los últimos pasos del Señor antes de su entrada al templo. Era ahí, sobre la última alfombra, donde el cansancio de la jornada se transformaba en paz. Hoy, el clamor de quienes exigen respeto por la tradición parece rebotar contra las paredes de una gestión que confunde el progreso con el espectáculo. Se olvida, quizá, que la identidad de Chalchuapa no reside en una bombilla de colores, sino en el sudor de quienes cargan el anda y en el silencio respetuoso de quienes esperan en la acera.
Pero ante la arbitrariedad de los hombres, surge la inquebrantable voluntad de un pueblo. Aunque los pasos del Nazareno sean desviados por decretos administrativos, la fe no se muda de sitio. La devoción de Chalchuapa es una herencia que no sabe de desvíos. Si bien existe una molestia legítima que quema como el incienso, persiste también una certeza: la verdadera procesión ocurre en el alma de cada habitante.
Podrán cambiar el camino, podrán silenciar el paso frente al cabildo, pero nunca podrán confinar el sentimiento de un pueblo que sabe que su historia es mucho más antigua y profunda que cualquier proyecto de luces pasajeras. La fe permanece de pie, caminando, aunque la ruta sea distinta, porque al final del día, es el pueblo quien hace el camino, y no el camino quien hace al pueblo.
Foto: Archivo
Texto: Los administradores.