02/10/2026
Emblemas de Amor Divino (16)
Continuamos en la Vía Iluminativa con una escena en la que el Alma aparece en medio del mar, luchando contra las aguas. Frente a ella, el Amor Divino extiende sus brazos desde tierra, dispuesto a ayudarla.
La inscripción dice: “No me anegue, Señor, la tempestad de las aguas, ni me sumerja lo profundo del mar”. Y debajo se explica la imagen: “El Alma metida en el Mar, luchando con sus olas alteradas, despidiendo ruegos al Amor Divino, que desde tierra le extiende los brazos para sacarla.”
El mar funciona aquí como una imagen de las dificultades que enfrenta el Alma en su camino. No está tranquila ni segura, está luchando, pero sabe a quién acudir. El Amor Divino permanece fuera del agua y extiende sus brazos hacia ella, marcando esa posibilidad de auxilio en medio de la prueba.
En la segunda escena, el momento cambia. Ahora es el Amor Divino quien lleva al Alma sobre sus espaldas. En una mano sostiene un ancla, mientras que junto a la imagen se lee: “Oh, cuán bien me está a mí el asida a Dios y poner a mi Señor Dios toda mi esperanza”, tomado del Salmo 72.
El ancla refuerza esa idea de esperanza y seguridad. Después de la imagen del Alma luchando contra las aguas, aparece ahora sostenida por el Amor Divino. Las dos escenas muestran así un mismo recorrido: la dificultad, la petición de ayuda y finalmente el abandono confiado en Dios.
En la Vía Iluminativa, el Alma empieza a comprender que avanzar espiritualmente no significa que desaparezcan las pruebas, sino aprender a enfrentarlas desde la confianza en Dios.
Texto: Erika Roberts