04/08/2026
Xalapa es un montaje de memorias y actualidades. Una ciudad que no termina de inventarse.
Aquí hay son, café, jazz, cerámica, arquitectura. Gorditas, tamales y pambazos. Y todo lo demás que el tiempo dejó caer sin avisar.
Si uno camina por sus calles y se fija bien, ve también lo que nadie ve. Animales soñados por Kafka. Animales esféricos que nacen en los espejos y se rompen al nombrarlos. Animales metafísicos. Antílopes de seis patas que pastan en los Berros. Arpías que cantan como ángeles. Asnos de tres patas cojeando hacia el olvido. Un ave Fénix que se ahoga cada tarde en Los Lagos. El pez Bahamut, dormido bajo el agua de Los Tecajetes. Pájaros que no salen en los libros, pero que uno recuerda haber oído su canto.
Una noche iba caminando. Los ruidos venían revueltos, como recuerdos de otra vida. La música pasaba de lo afro a lo contemporáneo sin pedir permiso, como la neblina de enero. Los automóviles pasaban con prisa. Veloces. Desesperados. Como si huyeran de algo que ya los alcanzó hace años.
Entonces oí una voz:
—¡Aquí se construye una memoria!
Eran dos zarigüeyas platicando un poco más abajo de Catedral, donde dejó caer su torre.
—Estar juntos no es lo mismo que encontrarse —decía una—. Podemos caminar lado a lado, comer en la misma mesa, platicar horas… pero si no nos prestamos atención, seguimos cada uno en su mundo, como mu***os que no se reconocen.
—Tienes razón —contestó la otra—. La atención es el hilo con el que se teje la confianza. Con el que se repara lo roto y se sostiene el “nosotros”. Sin ella, compartir espacio no hace comunidad. Con ella, hasta un silencio puede ser conversación, de esas que acompañan.
—Esa atención es la base de la empatía —dije yo, sin querer, como quien reza sin darse cuenta—. No se trata solo de imaginar qué siente el otro. Es registrarlo con el cuerpo: ver su gesto, escuchar su silencio, sentir su cansancio como si fuera el de uno, en el pecho.
Me miraron de reojo. Como se mira a los aparecidos, o a los que ya se fueron y vuelven. Se fueron corriendo por debajo del Parque Juárez y se perdieron en la neblina, esa que de repente aparece.
Y Xalapa siguió sonando. Como si nada. Como si todo.