04/07/2026
1926-2026 🚉🚃✨
Centenario del Servicio de Autovías
LOS AUTOVÍAS
INNOVARON NUESTRA MANERA DE TRANSPORTARNOS,
AGILIZARON LA MOVILIDAD SOCIAL,
Y NOS DEJARON GRANDES RECUERDOS…
La creación y puesta en marcha de los Autovías verdaderamente significó un trascendente paso en la modernización del transporte de personas en nuestra cuenca cafetalera del sur de Xalapa.
Fue precisamente a bordo de las plataformas del Ferrocarril de v***r Jalapa – Teocelo donde se embarcaron y llegaron a nuestra Ciudad los profetas del transporte futurista: los primeros automóviles. Hacia el año 1923, los teocelenses admiraron con asombro el primer automóvil Ford T, bajado de la plataforma del “Piojito” con una rampa a base de vigas frente al andén de la Estación, el cual avanzaba dando tumbos por los empedrados de nuestras calles, conducido por un personaje ampliamente conocido, muy apreciado entre nosotros: Paco García, originario de Coatepec. A partir de ahí, pronto comenzarían a interrumpir, con el rumor de sus motores, la quietud de nuestras silentes calzadas otros automóviles que realmente no tenían más misión que dar paseos callejeros, “darle la vuelta” alrededor del Parque a niños y muchachas… Al no haber carretera, los novedosos vehículos con motor de gasolina se limitaban a permanecer aquí unos cuantos días, y marcharse como habían llegado: sobre las plataformas del tren de v***r.
Don Antonio Homero nos informa que durante los años veinte, hace un siglo, comenzaron a llegar también, encaramados sobre nuestro Ferrocarril, los primeros vehículos de carga: unas pequeñas y simpáticas camionetas que prestaban una gran ayuda en la transportación de los insumos y las producciones de nuestros huertos cafetaleros. Tal fue el caso de los camioncitos de carga con que contaron tanto el Beneficio de café “La Merced”, en tiempos de su fundador don Luis Cabrera Rebolledo, como la Factoría de vino de naranja “El Nuevo Mundo”, de don Miguel Muñoz e hijas.
Mas estos vehículos con motor de gasolina no podían salir de Teocelo. Permanecían dentro de nuestra población, ayudando en el trabajo y brindando recreación, casi a modo de prisioneros…
Los novedosos Autovías, por el contrario, vinieron a ser una suerte de microbuses con ruedas de acero que corrían dinámicamente sobre los rieles metálicos del Piojito. E iban y venían de Xalapa, ida y vuelta, varias veces al día, permitiendo por vez primera viajar a Xalapa y regresar a Teocelo en el mismo día, durante toda la semana.
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A la par del resoplante Ferrocarril de v***r, nuestros Autovías fueron tejiendo todo un cúmulo de recuerdos memorables en nuestros padres, abuelos y bisabuelos, y en nuestros visitantes…
Tal el caso de este testimonio tan grato que nos legó el Doctor José Barba Rubio, originario de Guadalajara, quien muy joven ejerció su profesión como médico en Xico, entre los años 1938 y 1942, acudiendo así mismo al llamado de los enfermos de nuestra localidad. Fue al Doctor Barba Rubio, por cierto, a quien tocó enfrentar un angustioso episodio, en que llegó apresurado a atender a nuestro Padre Pepito, quien acababa de recibir la tremenda descarga eléctrica de un rayo, cuando caía una fuerte tormenta…
He aquí los recuerdos que nos relata el Doctor José Barba Rubio acerca de su primera llegada a nuestra comarca, en una valiosa entrevista publicada en la Revista Teocelo:
“El 14 de septiembre de 1938 salí de México. Tomé el ómnibus y llegué a Xalapa, que es una ciudad primorosa, llena de flores, encantadora. Al día siguiente me dijeron que tenía que tomar una autovía o un trenecito que me conduciría –adelante de La Orduña– al pueblo de Xico. Llegué el 15 de septiembre y, entonces, el 16 de septiembre de 1938 fue la primera vez que visité a Teocelo, y quedé prendado de la población de Teocelo, pues viendo mucha vegetación, muchas flores, quedé prendado de toda esa zona; y no nada más de la vegetación, de la naturaleza, sino al mismo tiempo de sus gentes. Fueron las épocas más felices de mi vida, y donde creo que fui más útil en esa época que estuve radicando, puesto que estuve una temporada larga. Estuve viviendo en Xico en los años 38, 39, 40, 41, y a principios del 42 me regresé a México a especializarme. Desde luego a Teocelo yo creo que iba casi a diario o si no, tres o cuatro veces a la semana. Frecuentemente me iba en la autovía, si llegaba pronto; pero a veces no llegaba pronto y entonces me iba para Teocelo a caballo o inclusive a pie, por el camino de Texolo…”
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En esta muy interesante fotografía de los años treinta contemplamos dos legendarios Autovías detenidos ante la Estación de Xico. Ahí, sobre la ferrovía que se dirige hacia Teocelo, miramos en primer plano un Autovía de los que comenzaron a brindar el servicio hace un siglo, en 1926, con ese diseño suyo, inconfundiblemente clásico, que evoca a los tranvías europeos.
Frente a este Autovía se encuentra otro, luciendo un diseño ya más moderno, listo para cruzar la Puente Vieja y el extenso Puente de Peña Alta, luego pasar por Santa Rosa, y llegar finalmente a nuestra provinciana Ciudad de Teocelo…
Mas, ¡paradojas de la historia…!
A los lectores parecerá increíble, pero es lo cierto: no hemos hallado hasta el día de hoy ninguna fotografía de aquellos tiempos que nos muestre alguno de los célebres Autovías detenido al lado de nuestra Estación ferroviaria de Teocelo. Cuesta creer que un medio de transporte que tanto contribuyó a incrementar la movilidad poblacional, no haya dejado ni un mínimo recuerdo gráfico de su estancia entre nosotros, como sí lo hicieron, en cambio, las locomotoras, los carros y los furgones del convoy ferroviario…
Mas los Autovías, ningún recuerdo fotográfico nos dejaron.
Un vestigio material de la presencia de estos innovadores vehículos en Teocelo es lo único que perdura hasta nuestros días. Se encuentra en nuestra Estación ferroviaria, hoy felizmente convertida en Museo Comunitario.
¿Qué es?
Se trata de la reducida explanada de concreto existente en el lado posterior de la Estación. Adultos mayores del Barrio de la Estación nos informaron hace mucho tiempo que esa planillita se hizo para que allí se estacionase el Autovía que al día siguiente, tempranito –siete de la mañana– saldría con pasajeros rumbo a la Capital del Estado.
Ahí, al ladito de nuestra Estación, los Autovías pasaban la noche, bien resguardados de la lluvia bajo un sencillo cobertizo de láminas cuyos soportes tubulares se incrustaban en la planilla: todavía existen las marcas de las oquedades practicadas, y luego resanadas, con este propósito…
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Hubo un día en que todo terminó. El Ferrocarril se despidió de nosotros, y con él, también los Autovías se marcharon para siempre.
Con mucha nostalgia nos relata su partida don Carlos L. Vázquez:
“El ferrocarril Jalapa-Teocelo poco a poco se fue haciendo viejo. Hasta donde sabemos no se mejoró la vía, ni los durmientes; las locomotoras no se repusieron y un buen día, o un mal día para mejor decir, se decidió levantar la vía. Según sabemos, las locomotoras fueron a dar a algunos ingenios, lo mismo que los autovías, y poco a poco fueron desapareciendo convertidos en chatarra, tal vez alimentando los hornos de alguna fundición. Nada quedó como muestra del ingenio de los trabajadores del ferrocarril Jalapa-Teocelo…
“Muchos coatepecanos recuerdan cuando el tren, con su airosa locomotora arrojando humo entre el resoplido de sus pistones y de la compresora, avanzaba por la calle de Galeana, lo mismo que sus autovías, casi silenciosas, con su llamativo color rojo, se detenían para bajar sus pasajeros. Eran un verdadero mensaje de amor y de esperanzas, llegaban los amigos, familiares ausentes, el correo con las cartas comerciales o con las buenas noticias de personas queridas. Estas escenas quedaron plasmadas en viejas fotografías y en los ingeniosos cuadros del pintor local señor Roberto Blásquez. Ahí aparecen con sus colores exactos y tal como era su aspecto.”
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Teocelo, 4 de Julio de 2026.