30/08/2026
LOS NEGOCIOS QUE HICIERON PUEBLO
San Martín de las Pirámides también se reconoce por los lugares que ya no están.
Por los nombres que todavía fijan una esquina. Por las tiendas donde se fiaba, las panaderías que perfumaban la calle, las maquinitas, los molinos, los talleres y las cantinas que acompañaron la vida cotidiana.
En la 16 de Septiembre, nuestra calle principal, convivieron El Blanco y Rosa, la reparadora de calzado, la Papelería News, la Zapatería de los Meneses, La Canadá, la tortillería de Luis y Aurorita, junto al puente, y El Siglo XX, de doña Conchita Fuentes, en la esquina con 5 de Mayo. Ahí también abrieron primero la tienda de don Tomás y sus maquinitas, antes de mudarse a Madero. De esa misma calle permanece la memoria de Tenis Indio, la fábrica de don Luis; huella de un tiempo en que San Martín no sólo comerciaba: también producía.
En Francisco I. Madero, esquina con Morelos, estaba la tienda de don Peruchito, de don Pedro Benítez y doña Zenaida, célebre por los poyitos, aquellas bancas de piedra y ladrillo donde la gente se sentaba a estar.
Sobre Madero la tienda de Jorge Flores y el expendio de semillas de Rómulo Mendoza.
Sobre Hidalgo quedan en la memoria el cine de Salomón Benítez —con Jesús Montes anunciando las funciones a viva voz— y la panadería de don Mariano.
Frente a la Cruz de la Misión, la tienda de don Lucino. Cerca del molino de chiles, en esa esquina que muchos todavía pueden señalar sin dudar, el despacho donde don Salvador vendía petróleo.
En Tuxpan se encontraban la tienda de don Silviano, entre Plan de San Luis y Primavera; la tienda de don Javier, en la esquina con Justo Sierra; el almacén de forrajes, en el cruce con Plan de San Luis; y la papelería de la maestra Julia, punto de referencia para los taxis que venían de San Juan.
Plan de San Luis conserva el pulso de una etapa especialmente activa.
Ahí estuvieron la tienda de semillas de don Silviano, su tortillería, Telas San Luis, la tienda de la Japo, la Fábrica de Tenis Pirámide, la manufactura de pelotas de fútbol americano y basquetbol, la fábrica de hule para recubrimiento de llantas, la Fábrica de Tenis Hernán y aquel establo que también quedó en la memoria.
En Los Arcos, en pleno centro, coincidieron Abarrotes Cuquita, de Lupita Arce y don Antonio, la carnicería de Maximino Hernández, una antigua cantina, La Campana, La Princesa, en mismo 16 de septiembre pero al sur el billar de La Portada y la Tlapalería El Escorial.
En Vicente Guerrero, abría la tortillería de don Cipriano Martínez.
En Casimiro L. Martínez, la Farmacia Santa Lucía.
Y alrededor del kiosco se formaba otro pequeño mundo: la cafetería con rocola, los puestos a la salida de la escuela y doña Chofi, con sus chicharrones y sus palomitas con salsa verde.
Hay otros nombres cuya ubicación exacta no se ha perdido, pero reaparecen ap***s alguien comienza a hablar del San Martín de antes:
La tienda de Willi; El Águila; el Videocentro; frente a la panadería de don Ramón estaba enfrente, el Laboratorio Levar; la Conasupo; la carnicería de Raúl Martínez; la Dulcería El Bombón; la Mueblería Baiste; la Botica de doña Rosa Tapia; La Colonial, de Roberto Fierro; La Velita; la petrolería de don Luis Ricaño; las tiendas de don Cuco, don Roberto y don Sotero; la tortillería de Los Payasos; el restaurante de doña Luisita, donde comían los choferes de la línea Teotihuacán; las maquinitas junto a la Papelería Marisol; la cantina de Chanito; la tienda de los Sandoval; El Veinte Negro; la Vidriería Gaby; la Farmacia del Carmen; Pizzas Beybo; la Panadería La Co**ha; la tortillería de don Baltazar; la Tienda de los Frijolitos; el Salón Fandango; la Panadería de don Sotero; el Molino y tortillería del señor Benítez; El Popo y Creaciones Guz San.
Algunos permanecieron durante décadas. Otros ap***s unos años. Cambiaron de dueño, de nombre, de giro o de mostrador. De muchos ya no queda la fachada ni el letrero.
Pero queda una geografía invisible.
Queda la frase exacta que devuelve todo a su sitio:
“Ahí estaba…”
Y al nombrarlos vuelve la esquina, vuelve la persona detrás del mostrador, vuelve el aroma de lo que se compraba y vuelve, intacta, la edad que teníamos al entrar.
Así también se sostiene el territorio: no sólo en las piedras antiguas, sino en la memoria exacta de la vida que pasó por sus calles.
Uriel HdzMtz
Microhistoria y memoria de nuestro San Martín de las Pirámides