29/09/2026
Mucho antes de que el concreto ganara terreno, en San Martín había animales que, para quienes fuimos niños entonces, parecían casi fantásticos.
Había , , loritos o . Formaban parte natural del entorno y también de nuestras tardes de juego.
A los mayates se les llegaba a amarrar de una patita para traerlos volando como si fueran un papalote o un pequeño helicóptero. Hoy se vería como una práctica cruel, pero entonces era una costumbre infantil cotidiana.
Los atepocates se sacaban de los charcos y del río temporal de Piedras Negras. Todavía hacia 1995, cuando hicieron el jardín en aquella pequeña bajada de piedra, aun entre basura y llantas, bastaba levantar alguna para ver salir ranitas brincando por todas partes.
¿Y las luciérnagas?
Hace años que cuesta trabajo ver una.
Antes de que existiera el boulevard, a la altura del puente de Piedras Negras con 16 de Septiembre, todavía podían verse dos o tres destellando en la oscuridad.
Quienes tienen más años recordarán los jagüeyes con sus pececitos, la ranita de cañón, uno que otro zopilote, la aguililla rojinegra, los cencuates que llegaban hasta las casas, los camaleones o la luciérnaga rayadora flameada.
¿Aún habrá correcaminos por los cerros?
¿Seguirá encendiéndose alguna luciérnaga en la oscuridad?
Con el tiempo fuimos cambiando la vegetación, los terrenos y los cauces donde estos animales encontraban refugio.
Y algunos, sencillamente, dejamos de verlos.
Uriel HdzMtz
Mayo de 2024