25/09/2026
EL SET DE VANIDAD
A finales del siglo XVIII surge una tendencia dentro de la nobleza y alta burguesía europea: el espejo de mano para las damas.
Dado que la fabricación del espejo era aún un proceso caro y peligroso en su elaboración por el uso de metales y elementos dañinos, su venta estaba reservada a quienes podían afrontar un gasto oneroso y bastante fuerte; pero poseer un pequeño trozo de ese cristal representaba símbolo inequívoco de poder y estatus.
La sociedad de ese momento enloquecía por la "moda rococó" y encontró en el espejo de mano personal la manera ideal de complacer a cualquier damisela, aplicando a la parte posterior del espejo —generalmente ovalado— diversas técnicas artesanales para embellecerlos como podía ser la plata repujada, o una cubierta de marfil, o bien de madreperla y hasta madera con pequeñas reproducciones de obras de arte al óleo con escenas galantes (Watteau era un gran favorito).
Hacia 1835 el químico alemán JUSTUS VON LIEBIG, descubrió un proceso químico para conseguir un espejo mucho más nítido y brillante, sin las complejidades y peligros del azogue o aleaciones tóxicas anteriores y que, además, era mucho más fácil y económico de producir haciendo de un simple vidrio pulido, al que se le aplicaba una delgada capa de plata liquida, un objeto que reproducía fielmente lo que en el se reflejara ¡Había nacido el espejo moderno!, y con ello el famoso SET DE VANIDAD consistente en un espejo de mano ricamente trabajado y decorado, un cepillo para el largo cabello de toda mujer y un peine; todo a juego exquisitamente elaborado, hecho para el cuidado de la cabellera femenina pero también para mostrar y adornar el tocador de las doncellas.
Con el advenimiento del nuevo siglo XX, nuevas técnicas decorativas menos costosas como el celuloide o la plata esterlina y procesos industrializados estos juegos de vanidad se van multiplicando al hacerse más baratos y asequibles a la mayoría de los bolsillos.
La tendencia se generaliza y pronto llega a América y por supuesto hasta los tocadores de las mujeres de nuestra ciudad, que siguiendo la costumbre europea, descansaban sobre su peinador.
Pero los tiempos cambian, las modas pasan y el cabello deja de ser largo...te contaremos más sobre estos juegos de vanidad cuando nos visites en el Museo de la Cultura y Vida Cotidiana de Saltillo.
Elisa C Dávila