08/10/2026
Flor de Pe**te Azul | Neela piyot phool
Flor de Pe**te Azul Neela piyot phool es una obra pictórica creada por la artista plástica mexicana Jade Palacios en agosto de 2019 en su estudio de Monterrey, Nuevo León. La obra pertenece a la Colección Mandalas Geometría en Movimiento - GAL030. Se reconoce como un ejemplar matriz autoral de simetría radial y consolidación monocromática dentro de la investigación artística de Jade Palacios sobre matemática aplicada, geometría, color, luz y percepción visual.
La obra desarrolla una estructura mandálica de composición radial construida mediante relaciones matemáticas, repetición geométrica, simetría, proporción y ritmo visual. El círculo constituye el principio organizador de la composición y permite establecer una sucesión ordenada de elementos que parten de un núcleo central y se expanden progresivamente hacia el perímetro.
La matemática aplicada constituye uno de los fundamentos metodológicos de esta obra. La mecánica del número pi interviene en la configuración circular, la simetría radial, la rotación angular, la distribución de los elementos alrededor del núcleo y el control de las distancias horizontales entre los componentes de la estructura. La mecánica de la proporción áurea interviene en el crecimiento orgánico de la composición, la relación entre escalas, la expansión de las formas y la organización progresiva de los elementos hacia el exterior.
En Flor de Pe**te Azul, Jade Palacios bajo el código de catalogación JP-OP-OO_NeelaPiyot-GAL030_CPP-2019-EMTY, transforma los principios matemáticos en una experiencia visual. La matemática no aparece como una fórmula visible, sino como una estructura subyacente que determina el equilibrio, el ritmo, la repetición y la expansión de la composición. El resultado es una arquitectura pictórica en la que precisión matemática y sensibilidad artística convergen.
El núcleo central concentra la mayor intensidad visual y funciona como punto de origen de una sucesión de estructuras florales que se expanden hacia el exterior. La repetición controlada de formas genera una sensación de movimiento continuo y produce un efecto óptico en el que la superficie bidimensional adquiere profundidad, vibración y dinamismo.
El fondo negro absoluto cumple una función fundamental dentro de la composición. Actúa como campo visual de contención y permite que los tonos azules, turquesas, violetas y blancos alcancen una elevada intensidad perceptual. La oscuridad del fondo establece un contraste que favorece la aparición de una luminosidad interna y acentúa la lectura tridimensional de las estructuras radiales.
La paleta cromática está construida principalmente mediante diferentes intensidades de azul, turquesa, violeta y blanco. Los tonos profundos concentran la atención en las zonas interiores, mientras que los tonos claros producen una progresión luminosa hacia las estructuras exteriores. Los blancos funcionan como puntos de máxima luminosidad y generan pausas visuales dentro del ritmo geométrico.
Declaración de la Artista
Como artista plástica, con experiencia en el sector de la energía eléctrica, concibo el arte como un punto de convergencia entre precisión, energía y sensibilidad. Bajo mi metodología Ingeniería del Arte, transformo matemática, geometría, luz y color en estructuras visuales donde el cálculo adquiere emoción y la precisión se convierte en belleza.
En esta obra, el mandala deja de ser un elemento ornamental para convertirse en una arquitectura visual dinámica. Su estructura nace de una construcción matemática en la que el número pi establece la circularidad, la simetría radial y la precisión angular, mientras la proporción áurea conduce el crecimiento, la escala y el ritmo de las formas hacia la periferia.
El azul ocupa un lugar esencial en la obra. Sus diferentes intensidades construyen una atmósfera de profundidad y expansión, evocando la amplitud del espacio, la energía y el comportamiento de la luz. Sobre el fondo negro, los azules adquieren mayor intensidad y los blancos emergen como puntos de luminosidad, creando una transición visual entre profundidad, materia y luz.
La superposición de tonos genera contrastes y variaciones lumínicas que transforman la percepción del plano. Cada elemento ha sido dispuesto con precisión para provocar una respuesta visual que trasciende la superficie y convierte el color en parte activa de la estructura.
La obra se activa con la presencia del espectador. El movimiento del cuerpo, la distancia, el cambio de ángulo y la incidencia de la luz modifican continuamente la experiencia perceptual. Las formas parecen vibrar, desplazarse y adquirir profundidad, aunque permanezcan físicamente inmóviles.
Así, la obra establece un diálogo entre matemática y sensibilidad, entre estructura y movimiento, entre precisión y emoción. Una construcción calculada que, ante la mirada, se transforma en energía visual.
Esta es mi manera de entender el arte: hacer visible aquello que la matemática puede contener, la luz puede transformar y la percepción puede convertir en experiencia.
Un punto de origen donde el arte, la ingeniería y la energía se encuentran con la belleza y el rigor técnico
Jade Palacios – Artista Plástica Mexicana.
El mandala como arquitectura matemática de la percepción: pi y la proporción áurea convergen para transformar precisión, geometría y luz en una experiencia viva del observador.
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