22/06/2026
La crisis del armamento huertista y el viraje hacia el Japón (1913)
El 22 de junio de 1913, el diario oficialista El Imparcial publicó una nota titulada “Se busca comprar armas al Japón”, un texto que hoy en día, rescatado por el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones de México (INEHRM) en su Diario de la Revolución, sirve como una radiografía perfecta de las fracturas diplomáticas, logísticas y morales que asfixiaban al gobierno usurpador de Victoriano Huerta tras el cuartelazo de la Decena Trágica. La nota periodística exponía una realidad ineludible: al negarse a reconocer diplomáticamente el gobierno de Huerta, Estados Unidos cerró por completo su mercado de armas, afectando críticamente el plan del régimen de poner en pie un ejército masivo de un cuarto de millón de soldados. Ante este aislamiento, el huertismo se vio obligado a buscar desesperadamente proveedores alternativos en Europa —principalmente Inglaterra, Bélgica, España, Francia y Alemania— y en el Imperio del Japón.
Esta triangulación geopolítica con Asia Oriental respondía a la implementación de la doctrina de “oposición moral” del presidente norteamericano Woodrow Wilson, quien catalogaba al régimen mexicano como ilegítimo tras el as*****to de Francisco I. Madero. Para evadir el bloqueo, Huerta intentó consolidar la compra de veinticinco mil carabinas y diez millones de cartuchos de última generación a una importante casa japonesa. De acuerdo con las crónicas de la época, las pruebas con el llamado “fusil japonés” —que no era otro que el fusil Arisaka (modelos Tipo 30 y 38)— resultaron inicialmente satisfactorias. Los altos jefes militares reportaban que dicho armamento consistía esencialmente en el sistema convencional Máuser con ligeras modificaciones en la recámara, siendo notablemente menos pesado gracias a la calidad de su madera y poseyendo un mayor alcance. La urgencia era tal que el gobierno apresuró la integración de una comisión especial que debía salir de inmediato por el Puerto de Salina Cruz, Oaxaca, con rumbo a Japón para presenciar la construcción del armamento. La elección de Salina Cruz era estratégica: una ruta en el Océano Pacífico libre del control y la constante vigilancia de la marina estadounidense en el Golfo de México.
Sin embargo, detrás del optimismo de la prensa oficialista se escondía un colapso logístico y operativo sistémico. Mientras los diarios desmentían falsos rumores sobre la llegada de 600 cañones al puerto de Veracruz —aclarando que el pedido real a la Secretaría de Guerra constaba únicamente de 24 cañones (seis baterías) programados para finales de año—, el frente interno militar se desmoronaba. El talón de Aquiles del huertismo fue su propia política de reclutamiento: el uso masivo de la “leva” o reclutamiento forzado de civiles. Estos contingentes carecían de experiencia en combate, disciplina y moral, lo que se traducía en un desperdicio alarmante de cartuchos en simples escaramuzas, zafarranchos o persecuciones infructuosas.
Aunado a la inexperiencia de la tropa, la corrupción endémica de los altos mandos huertistas terminó por sentenciar al Ejército Federal. En un giro paradójico de la contienda, los propios oficiales del gobierno vendían clandestinamente armas y “parque” (municiones) a las fuerzas revolucionarias constitucionalistas. De este modo, los recursos que Huerta intentaba traer de Japón o Europa terminaban financiando y armando a las tropas de Pancho Villa, Álvaro Obregón y Venustiano Carranza. Aunque la dictadura intentó complementar sus carencias pactando con traficantes internacionales de armas, las entregas fueron lentas e insuficientes, sellando el destino de las fuerzas federales ante el avance de la Revolución.
📖Diario de la Revolución, INEHRM, 2010
📷Fotografía: Soldados y civiles felicistas dentro del depósito de armas de la Ciudadela, febrero 1913, Fototeca Nacional-INAH.