08/05/2026
Una mujer se levantó una mañana muy temprano con una decisión que cambiará la historia del automovilismo. Su esposo, Carl Benz, había inventado un extraño vehículo para aquella época de 1888, constaba de tres ruedas y un motor de combustión, un aparato gigante que nadie lo tomaba en serio y muchos se burlaban.
La sociedad lo veía como un experimento sin sentido, incapaz de reemplazar a los caballos y carruajes. Carl, temeroso de la crítica, dudaba en mostrarlo públicamente y por eso lo mantenía encerrado.
Pero su esposa Bertha Benz pensaba distinto. Ella había invertido su propia dote en el proyecto y estaba convencida de que el automóvil podía transformar la vida cotidiana.
Por eso, sin avisar a su esposo, tomó el Benz Patent-Motorwagen Nº3 y emprendió un viaje de más de 100 kilómetros desde Mannheim hasta Pforzheim, su ciudad natal. No era un paseo matutino, ella quería demostrar que el automóvil de tres ruedas era audaz, de que el invento funcionaba y podía ser útil.
Con esta azaña, Bertha se convertiría en la primer mujer haciendo el primer viaje de larga distancia en automóvil, convirtió un sueño en realidad.
Pero el trayecto no fue nada fácil. El motor necesitaba ligroína, un derivado del petróleo que solo se vendía en farmacias. Bertha tuvo que detenerse en Wiesloch para comprarlo, convirtiendo esa parada en la primera estación de servicio del mundo.
Más adelante, el coche comenzó a fallar en varios aspectos, un conducto se obstruyó y ella lo desatascó con una aguja de su sombrero, luego un cable se soltó y lo reparó con su liga de recoger el pelo. Incluso descubrió que los frenos de madera se desgastaban demasiado rápido en las bajadas, lo que inspiraría más tarde la creación de las pastillas de freno.
Cada obstáculo se convirtió en una oportunidad para demostrar ingenio y determinación.
Al llegar a Pforzheim, Bertha había logrado demostrar que el automóvil no era un invento sin sentido, sino un medio de transporte confiable. Su viaje atrajo la atención pública, generó confianza asegurando las primeras ventas de la compañía Benz.
Hoy, la ruta que recorrió está señalizada como la Ruta Bertha Benz, recordando que detrás del nacimiento del automóvil existió una mujer valiente que se atrevió a desafiar las normas de su tiempo y a demostrar que la innovación necesita coraje para ser aceptada.