27/04/2026
En las montañas de Jalisco, dentro de la Sierra de Tesistán, un hallazgo reciente está cambiando lo que sabemos sobre la evolución de los insectos en México. Se trata de una nueva especie fósil: Techistetlus punctocarinatus, un pequeño “salivazo” o chicharrita espumadora que vivió hace aproximadamente 4.9 millones de años, durante el Plioceno.
Este descubrimiento es especialmente relevante porque pertenece a la familia Clastopteridae, un grupo con un registro fósil extremadamente escaso en el mundo. De hecho, la mayoría de sus fósiles provienen de ámbar del Caribe, por lo que encontrar uno en roca sedimentaria en México es algo sin precedentes.
Pero lo más sorprendente es que no solo se trata de una nueva especie, sino también de un nuevo género: Techistetlus. Su nombre combina palabras en náhuatl en referencia a la región donde fue encontrado, resaltando su identidad mexicana.
A diferencia de sus parientes modernos, este insecto era notablemente más grande, alcanzando más de 11 mm de longitud. Presenta una combinación única de características: un cuerpo robusto, cabeza redondeada, alas con una venación altamente reticulada y una estructura dorsal con una quilla (carina) bien marcada. Estas diferencias lo separan claramente de otros géneros fósiles y actuales.
El fósil se preservó como una impresión en limolita, en antiguos sedimentos lacustres formados tras la actividad volcánica de la región. Este tipo de conservación es raro para este grupo, lo que hace aún más valioso el hallazgo.
Además de describir una nueva especie, este descubrimiento representa el primer registro fósil de este grupo en México y el más septentrional en la región neotropical. Esto abre nuevas preguntas sobre la distribución y evolución de estos insectos en el pasado.
Aunque algunos detalles anatómicos no se conservaron completamente, las características visibles permiten ubicarlo dentro de los cercopoideos, un grupo de insectos herbívoros que hoy habitan principalmente bosques tropicales.
Este pequeño fósil demuestra que aún hay mucho por descubrir en México, incluso en grupos poco estudiados como los insectos. A veces, los hallazgos más discretos son los que revelan las historias evolutivas más sorprendentes.