02/08/2022
Un poco de Toltequidad.
Para entender la enseñanza tolteca, es preciso aprender a ensoñar. La práctica del ensueño tiene seis objetivos:
1. Renovar la vitalidad. Una hora de ensueño profundo equivale a ocho horas de sueño común. Un practicante requiere de esa vitalidad extra.
2. Aprovechar de modo práctico el espacio de tiempo que dedicamos a dormir. Medido desde fuera, dormimos durante un tercio de nuestra vida, pero, la experiencia obtenida en ese estado equivale a siglos o milenios de vida. Nuestra vida vigílica es apenas una mota de polvo en el océano del sueño.
3. Aprender a ser volitivos en sueños. El axioma chamánico afirma que no hay desarrollo inconsciente de la conciencia ni aplicación involuntaria de la voluntad. La práctica chamánica consiste en aplicar la voluntad en los estados de subconsciencia, como el sueño, la exaltación emocional o la embriaguez, no porque en ellos resulte más fácil, sino porque resulta más difícil.
4. Llevar a la vigilia la ganancia de voluntad. Le llaman “ensueño” porque es más obvio si lo intentamos dormidos. En tanto permanecemos en la vigilia común, el asalto de la cotidianidad es un poderoso distractor. Sin embargo, ensoñar no es dormir, sino despertar; el sueño es solo un medio. Un chamán ensueña en todo momento, pues sabe que, lo que consideramos vigilia, es un tipo especializado de sueño.
5. Educir o proyectar al nahual. Nawalli (de la raíz náhuatl Nau, desdoblar, exponenciar), es el nombre que dieron los antiguos mexicanos al sujeto consciente de la experiencia onírica. Descartemos la superstición que se asocia a este concepto, tanto en los medios populares como en los académicos: el nahual no es un animal (excepto por metáfora), sino un potencial de desarrollo de conciencia. Nuestra relación con él no es a través de fórmulas mágicas, sino a través del manejo técnico de la percepción.
6. Adquirir conocimiento. Lo que aprendemos en el tonal (la experiencia cotidiana) es externo; el conocimiento del nahual se transmite en sueños, no para ocultarlo, sino para evadir la censura del tonal. Como afirma el texto sagrado maya, solo el nahual puede entender al nahual:
“Estas palabras deben ser dichas al oído de los que no tienen padre ni madre. Tratan sobre el lenguaje oculto, el habla de los iniciados, sobre el despertar del mundo.” (Chilam Balam)
Tomado de Los siete umbrales del ensueño © 2018 de Frank Díaz.