15/06/2026
Coronel huertista Antonio G. Olea
Ataque a Huitzuco, Gro., 23 mayo 1913
Desde el pronunciamiento del 6 de abril de 1913, Huitzuco no había sido tocado por las fuerzas gobiernistas, era el cuartel general de Rómulo Figueroa. En movimiento rápido y sorpresivo hacia allá enfila su columna el coronel Antonio G. Olea, a destruir la base de operaciones de los cabecillas rebeldes, aprovechando que Rómulo y el grueso de su gente marcharon al distrito de Alarcón. El 23 de mayo, pasado medio día, la fuerza de Olea llega a las inmediaciones de Huitzuco e inician los tiroteos; guarnecen la plaza 400 “Colorados” al mando de los jefes Alejo Mastache y Eustorgio Vergara; no se ponen de acuerdo, discuten por el mando, el primero quiere organizar la defensa y el segundo la evacuación; desorganizados no les queda más opción que huir atropelladamente. Dueño del pueblo, Olea ordena el saqueo, el incendio y la destrucción generalizados, especialmente de las propiedades y bienes de los Figueroa y otros vecinos involucrados en la rebelión. El molino de nixtamal y la planta de hielo de Rómulo, movidos por un sistema de gas pobre, son dinamitados; milagrosamente la mamá de Rómulo, Cristina Mata, y dos hermanas suyas, logran escapar hacia el monte, auxiliadas por algunos vecinos. “¡Olea, el histérico mariguano, ha saciado la venganza del chacal Huerta! Con razón, desde entonces, a la tropa de este mílite, el pueblo la llamó LA COLUMNA DEL DIABLO”. En su informe el coronel Olea reportó haber ocasionado al enemigo más de doce mu***os y gran número de heridos; recogido más de 20 mil cartuchos Máuser y gran cantidad de bombas de dinamita, fulminantes y mechas; incautado más de cuarenta cargas de azúcar de la hacienda de Chinameca y más de doscientas del comercio del pueblo; que ordenó la destrucción del molino de nixtamal y la fábrica de hielo de Rómulo, por emplearse sus productos “en socorrer a la fuerza revolucionaria, restando de esta manera elementos de vida a la revolución”; que la mayoría de los habitantes comprometidos con la sublevación “abandonaron el pueblo, y pude recoger libros y documentos en que constan los nombres de todos los que ayudan con dinero a la revolución y que servirán para comprobar que los Figueroa, a pesar de sus protestas (de fidelidad), tratan de ganar tiempo para reorganizarse y seguir combatiendo al gobierno”. El 25 Olea volvió a Iguala, su balance lo consideró positivo, pues en siete días de campaña tuvo cuatro tiroteos, cinco verdaderos combates, poco derramamiento de sangre, combatiendo siempre con un enemigo superior en número y posiciones ventajosas, ocasionándole pérdidas considerables; pero, sobre todo consideró haber acabado con la sublevación de los Colorados: “Mi general: como había dicho a usted en mensajes anteriores, la revolución figueroísta ha concluido con la toma de Huitzuco y la destrucción de los elementos de que disponían”. Golpe duro al figueroísmo constitucionalista, pero no definitivo, porque continuaron su lucha contra el régimen huertista. En las imágenes: primera, al centro, sentado, Antonio G. Olea; segunda, noticia periodística.
Francisco Herrera Sipriano, profesor investigador INAH, Museo Regional de Guerrero. Imágenes: del libro “Sara Castrejón. Fotógrafa de la Revolución”, de Samuel Villela Flores, INAH, y; El Imparcial, 30 de mayo de 1913.