23/08/2026
El TAMBOR
El Tambor es un cerrito de forma cónica-circular que forma parte del paisaje natural e histórico de Corral de Piedra. Al pie y sobre la cima de este pequeño cerro, yacen interesantes estructuras y objetos arqueológicos. Los pobladores dicen que este cerro fue hecho por “la gente de antes”, no por formación natural. En la época prehispánica, este sitio fungió como un centro ceremonial. La idea de construir sobre el cerro fue -como en muchos otros sitios prehispánicos-, dar el efecto de una grán e imponente pirámide.
El registro arqueológico indica que este lugar estuvo ocupado en el período Posclasico mesoamericano, (900d.C 1521d.C.). Sin embargo hay evidencias de que el Cerro de El Tambor fue ocupado desde fechas aún muy tempranas. Los pobladores locales han encontrado interesantes objetos como hachas de piedra verde y piedra sepentina negra, cerámica, estatuillas de piedra blanca, calcita y cuarzo. Además han localizado esculturas con rasgos olmecoides, indicando asi que en el cerro de El Tambor y sus alrrededores, habitaron grupos humanos de filiación olmeca, cuya presencia pudo haber ocurrido en alguna fecha del período Preclásico (1200 a. C.– 300 d.C.). En esta época, muy probablemente la población se concentró en las laderas contiguas a El Plan, cerca de La Barranca y en el cerro de El Tambor. Estos antiguos pobladores prehispánicos, cuya percepción simbólica y religiosa asociada al jaguar, a los cerros y al agua, pudieron armonizarse y realizarse en este lugar de abundancia en recursos hídricos, minerales y forestales.
La personas de Corral de Piedra han dicho que cuando se hace la fiesta del 24 de junio, ese mismo día, “de El Tambor sale música y se abre una cueva”. Quien se mete ahí adentro, “se encanta” por todas las maravillas que hay adentro. Además en el interior de la cueva “el tiempo ocurre de una manera muy estática, mientras que en el exterior pasan los años volando”. Se comenta que “la música se escucha que viene como de una fiesta grande”. Otros dicen que salen ruidos “como retumbados”… “retumba el cerro como si fuera un tambor”. Según se cuenta, quienes han logrado acercarse, dicen qué:
“…en la entrada hay dos gallos chulos con plumas muy bonitas que cantan muy bonito. El interior de la cueva pues, está repleta de cosas desconocidas, muy bonitas y de oro, pero dicen pues que ahí mismo está el diablo”.
También nos cuentan algunos ancianos, que hace tiempo, un señor que se metió a curiosear en el interior de una cuevita de este cerro, encontró una barra de piedra, que tenía forma como de metlapil. Al ver que esta pieza se juntaba en dos, decidió abrirla. Entonces vió que en su interior contenía una especie de hoja de papel, como de coaxcli, que estaba a manera de rollito y se la llevó a enseñarla al otros señores. Se dice que cuando la estaban desenrollando “hasta tronaba por el tiempo enrollado que se supone que ha de ver tardado”. La aplanaron concuidado y vieron que estaba marcada con “signos y figuras de color negro”. Dicen que los viejitos que la vieron dijeron que “tenía figuritas como en forma de cruces, rayitas y puntos”. Pero como no sabían que era, pues dicen que la dejaron perder. El papel quien sabe dónde quedó, nadie quería tenerlo, pues dicen que “sería algún escrito del diablo”. También se cuenta que hace algún tiempo, al pie de este cerro y entre La Barranca, encontraron “una figura en forma de perrito”. Dicen los que la vieron que este perrito es de color verde y muy bien hecho. Esta figurilla probablemente aún se mantiene en algún hogar del pueblo.
En la imagen podemos apreciar el paisaje de cerros que se armonizan con este bello cerrito. A espaldas de El Tambor, vemos asomar al cerro de El Ocotalito, y a un lado comienzan las faldas del cerro de El Mu**to. En el plano inmediato de la imagen vemos algunas estructuras arqueológicas cubiertas por la vegetación, y sobre una plataforma prehispánica, pastan tranquilamente una vaca y su becerrito.
Texto y fotografía de Moisés Nava.