02/06/2026
A 97 AÑOS DE LA MUERTE DEL GRAL. GOROSTIETA VELARDE. JEFE SUPREMO DEL EJÉRCITO NACIONAL CRISTERO.
Hoy se cumple el 97 aniversario de uno de los capítulos más complejos y debatidos del final de la Guerra Cristera: la muerte del Jefe de la Guardia Nacional Cristera, el General Enrique Gorostieta Velarde, ocurrida el 2 de junio de 1929 en la Hacienda del Valle, Jalisco.
Para recordar este suceso, compartimos los valiosos testimonios rescatados en el libro "Episodios de la Guerra Cristera", escrito por el Cristero y combatiente José Guízar Oceguera, originario de Cotija Michoacán, quien además de haber sido el encargado de la primera escolta del general en la región, se dio a la tarea de registrar los nombres y las voces de quienes escribieron o testificaron sobre su trágica caída:
Así vio José Guízar Oceguera (Autor ser libro) al General Enrique Gorostieta en su visita a Michoacán.
El autor recuerda vivamente el impacto que causaba la presencia del estratega militar.
"Era el general Gorostieta un hombre que desde el momento de verlo impresionaba favorablemente. De mediana estatura, ojos claros y penetrantes, magnífico jinete, hábil en el manejo de las armas y sumamente enérgico, aunque correcto y persuasivo."
Como militar de carrera egresado del Colegio Militar, era amante de la disciplina.
Guízar Oceguera relata que le bastaba una mirada para apreciar el valor de la gente; con gran tacto, reorganizó los contingentes locales en Palos Verdes, citando a reunirse con él a jefes clave como Prudencio Mendoza, Ramón Aguilar, Maximiliano Barragán, Ignacio Sánchez Ramírez, José María Méndez, el coronel Anatolio Partida.
Los últimos días y la sombra de la traición:
El libro contrasta esta brillante organización con los misteriosos eventos de su fin. Tras una estancia en Michoacán —donde el general recibió víveres y antojitos enviados desde Cotija por la señorita Sara Ochoa de las Brigadas Femeninas—, Gorostieta salió por San José de Gracia rumbo a Jalisco.
Extrañamente, el experimentado militar acampó en la Hacienda del Valle en un lugar "militarmente inaceptable" y descuidó la vigilancia. Dado que el general representaba un estorbo para quienes negociaban los "Arreglos" de paz a cualquier precio, la sospecha de una traición quedó sembrada para siempre en la memoria de su Estado Mayor.
José Guízar Oceguera recopila en su obra tres relatos muy distintos, dejando constancia de quiénes fueron los encargados de contar la historia:
La versión del entorno cercano (Informes al autor): La primera narrativa que circuló entre los cristeros aseguraba que el general logró abrirse paso a balazos hasta que un disparo mató a su hermoso caballo (regalo del coronel Anatolio Partida) y, al quedar atrapado por la montura, fue alcanzado por el enemigo.
El testimonio de la mística cristera (Lic. De Anda): Quien fuera ayudante del licenciado Miguel Gómez Loza, relató que al ser emboscados, a la pregunta de "¿Qué hacemos mi general?", Gorostieta contestó con voz potente: “Pelear y morir como hombres”. De Anda aseguró escuchar perfectamente que las últimas palabras del caudillo en la huerta fueron un enérgico: “¡Viva Cristo Rey!”.
Años después, el célebre periodista e investigador Víctor Ceja Reyes logró una entrevista exclusiva para la revista Impacto con el soldado federal Gilberto Ponce Villa. Según el testimonio de este militar, él persiguió a Gorostieta a pie por el naranjal; el general intentó rendirse, pero al hacer un movimiento sospechoso hacia su pi***la, Ponce Villa le disparó en el tórax, siendo rematado instantes después por el subteniente Luna.
Como prueba de la trascendencia de su muerte, el libro rescata el testimonio del Doctor Jesús García Tapia, quien relató cómo el crucifijo de plata que Gorostieta llevaba al pecho fue ganado en una apuesta por su antiguo compañero de armas Roberto Cejudo, quien posteriormente se lo dio a guardar al doctor para que la reliquia fuera devuelta dignamente a los familiares del líder cristero.
A 97 años de distancia, recordar las crónicas de José Guízar Oceguera, nos permite valorar la dimensión humana y el liderazgo de quienes marcaron a sangre y fuego la historia de nuestras tierras.
Como bien concluye la obra de Guízar Oceguera: "Con la muerte del general Gorostieta, los cristeros perdimos un gran jefe; pero no la guerra".
✍🏻 Ruta Cristera Sahuayo .
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