03/06/2026
En tiempos de Goya, el abanico no era solo un accesorio: era gesto, lenguaje y actitud.
Lo vemos en obras como Mujer joven con mantilla y basquiña (1800-1805), Mujer joven con abanico (1806-1807), Retrato de María Luisa de Parma en traje de corte (1799), La reina María Luisa con mantilla (1799-1800), Tal para qual (1797-1799) o Majas en el balcón (1812).
Abierto, cerrado, sostenido con delicadeza o usado para ocultar una sonrisa, el abanico habla sin palabras. En la pintura de Goya acompaña escenas de moda, galanteo, poder y seducción.
También la poesía de su época lo convirtió en protagonista. Juan Meléndez Valdés escribía en su Oda XLII. El abanico:
“¡Con qué indecible gracia,
tan varia como fácil,
el voluble abanico,
Dorila, llevar sabes!”
Un pequeño objeto capaz de agitar el aire… y también la mirada.