01/10/2026
El 1 de octubre de 1780 Francisco de Goya comenzó la ejecución de los frescos de una de las cúpulas de la nave norte del Pilar: la cúpula Regina Martyrum (Reina de los Mártires).
El encargo al pintor aragonés, que había sido nombrado miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, incluía la decoración de otras cúpulas. Sin embargo, el estilo innovador y "abocetado" del artista no fue del gusto clasicista de los miembros del Cabildo ni de su mentor y responsable del proyecto, Francisco Bayeu.
Tras duras y amargas discusiones, Goya, hombre temperamental y celoso de su genio creativo, aceptó a regañadientes realizar unas pequeñas modificaciones. El Cabildo le retiró el encargo y el artista abandonó Zaragoza jurando que no volvería a trabajar para el Pilar.
Hoy queda esa joya en la Basílica del Pilar, un fresco que encierra una gran historia sobre los cambios en los gustos estéticos y el estilo visionario de un Goya que, en esta ocasión, no fue entendido por sus coetáneos.
Fotografías:
El Pilar de Zaragoza desde el Puente de Piedra (1932), Jalón Ángel.
Cúpula de Regina Martyrum (Fuente: Fundación Goya en Aragón)
Universidad San Jorge
Cultura USJ
Pilar Irala
Fundación Goya en Aragón