28/08/2026
Finaliza otra edición de visitas a cargo del personal técnico del Museo, que como sabes este año han llevado por título «Detente un instante».
En esta ocasión, volvemos la vista a nuestra colección de reproducciones artísticas para hablar de dos piezas que por sus características formales y su iconografía nos remiten a un momento pasado, detenido en el tiempo: los escifos del Tesoro de Bernay.
Se trata de una especie de tazas con dos asas que forman parte de la gran variedad de recipientes de origen helenístico destinados al consumo de bebidas. Están reproducidas mediante galvanoplastia, una técnica muy utilizada en el siglo XIX que permite modelar objetos metálicos con gran precisión. Los originales, de plata, fueron hallados en 1830 junto con una gran cantidad de objetos de ese metal durante el laboreo de un terreno agrícola cerca de Bernay, Francia. Aunque el conjunto fue enterrado seguramente a fines del siglo II, todos los estudiosos concuerdan en que los escifos son bastante anteriores al momento de su depósito y proponen para ellos fechas de la segunda mitad del siglo I d. C.
Este tipo de recipientes suelen formar pareja. En este caso la decoración aparece dispuesta en un único registro, con motivos decorativos similares y complementarios en ambos vasos (es decir, comparten el tema pero sin repetir el diseño), plasmados con volúmenes que van desde casi el bulto redondo hasta delicados bajorrelieves.
El tema principal lo compone un conjunto de cuatro centauros, dos por escifo, de sexos y edades contrapuestos. La pareja de cada vaso muestra diferentes estados anímicos, cuyo complejo simbolismo queda matizado y ampliado por toda una decoración de menor tamaño y relieve: amorini, sátiros, cráteras y espejos, amazonas, etc. Este enorme despliegue decorativo se puede interpretar de varias maneras, si bien el mensaje principal parece aludir al papel benefactor de Baco, propiciador de la abundancia, y a los efectos benéficos o perjudiciales del vino, según se use o no con moderación.