19/05/2026
"El Greco, Rilke y Toledo"
Conferencia de Luis Peñalver Alhambra
MUSEO DE SANTA CRUZ. Toledo.
Durante una sesión de espiritismo en el castillo de Duine, en los primeros días de octubre de 1912, un espíritu al que llamaban La Desconocida, le hablo a Rilke de una ciudad levantada sobre un promontorio, con un ángel, Iglesias con cadenas ensangrentadas, un puente de piedra...
Ya conocía la obra del Greco por su amigo Zuloaga y, casualidades (o no...), quiso venir a Toledo a conocer la ciudad donde vivió nuestro pintor más universal.
Sin detenerse casi ni un instante en Madrid, Rilke llega a Toledo en noviembre de 1912, alojándose en el Hotel Castilla. La ciudad le impacta, va descubriendo todo aquello que el espíritu le había dicho y se enamora de las montañas, de su luz, del paisaje,... Y callejeando, escucha los murmullos y los susurros de una ciudad que mira hacia adentro, reservada, una sensación con la que él se identifica plenamente. Toledo le ha dejado tocado para siempre hasta el punto de decir que "tengo necesidad de Toledo, quiero ser toledano".
Además, visita la iglesia de Santo Tomé, donde se queda impactado con la obra de "El Entierro del Señor de Orgaz", reflexionando sobre la vida y la muerte y sobre ese camino etéreo que va desde la tierra a los cielos. Y ya "La Inmaculada", en la capilla Oballe, en la iglesia de San Vicente, descubre el ángel cuyas alas le parecen hechas de luz en movimiento, un puente entre lo visible y lo invisible que asciende al cielo, donde los ángeles músicos son la unión entre lo audible y lo inaudible,... es la "física del cielo" para Rilke.
Con este recuerdo y una salud muy frágil deja nuestra ciudad para trasladarse a Ronda y ya no regresará, pero lleva a Toledo y al Greco en su cabeza y en su corazón. Murió en Suiza en 1926 como consecuencia de la infección producida al pincharse mientras preparaba un ramo de rosas para hacer un regalo; ¡¿qué mejor muerte para un poeta?!.
La conferencia de Luis Peñalver, en el Museo de Santa Cruz, precisamente en la sala donde se encuentra La Inmaculada Oballe, por cierto, abarrotada de público, nos ha abierto los ojos a muchos sobre este gran poeta que pasó cuatro semanas con nosotros, marcando un antes y un después en su producción literaria y quedando para siempre unido a la obra del Greco y a Toledo. Luis Peñalver, gracias por esta bella conferencia, ha lanzado un guante al aire para quien quiera hacerse eco del reto: nuestra ciudad no tiene ninguna calle, ninguna placa, ninguna escultura,... nada que recuerde la estancia del poeta durante cuatro semanas de un frío mes de noviembre de 1912 en Toledo. Y ya va tocando, ¿no?.