17/03/2024
En este día sombrío, nos reunimos con pesar en nuestros corazones para honrar la memoria de una mujer extraordinaria, Luz Mari Conde, quien partió de este mundo dejando tras de sí un legado de amor, bondad y resplandor.
Luz Mari, esposa amada de mi querido amigo José Antonio Soto Rojas, fue mucho más que una compañera de vida; fue un faro de luz en la oscuridad, una fuente inagotable de cariño y apoyo para todos los que tuvimos el privilegio de conocerla.
Su presencia irradiaba calidez y compasión, y su sonrisa iluminaba cualquier habitación en la que entraba. Siempre dispuesta a tender una mano amiga y a brindar consuelo, Luz Mari tocó innumerables vidas con su gentileza y generosidad.
Recordamos con profunda gratitud su devoción hacia su familia, especialmente hacia su hijo José Antonio Soto Conde “Sotuco”, y a sus nietas, a quienes amó con un amor inquebrantable y dedicación incomparable. En cada gesto y palabra, se reflejaba el amor incondicional que sentía por ellos, siendo su guía, su protectora y su inspiración.
Quisiera agregar un reconocimiento especial a José Antonio Soto Rojas, un fiel amigo de toda la vida y compañero incansable en la aventura de construir y mantener el Museo del Ciclismo Santiago Revuelta.
José Antonio no solo ha estado a mi lado en los momentos más felices, sino también en los desafíos y las dificultades. Su fuerza, su sabiduría y su capacidad para encontrar soluciones han sido un recurso inestimable para el Museo, y su generosidad ha dejado una marca indeleble en cada rincón de nuestro querido espacio.
Desde la fundación del Museo, José Antonio ha sido mi fiel compañero, viniendo cada día a recogerme y compartiendo su tiempo, su energía y su pasión por nuestro proyecto. Su presencia en nuestro equipo ha enriquecido nuestras vidas y ha fortalecido nuestra misión de preservar y celebrar la historia del ciclismo.
Por todo lo que ha hecho y sigue haciendo por el Museo, quiero expresar mi más profundo agradecimiento a José Antonio Soto Rojas. Su amistad y su compromiso son un tesoro invaluable, y su presencia en nuestras vidas es un regalo que nunca dejaremos de valorar.
Hoy, mientras nos despedimos físicamente de Luz Mari, sabemos que su espíritu perdurará en cada recuerdo, en cada sonrisa que inspiró y en cada acto de bondad que sembró a lo largo de su vida. Que su luz eterna siga guiándonos y reconfortándonos en los momentos de oscuridad, recordándonos siempre el poder transformador del amor y la compasión.
Descansa en paz, querida Luz Mari. Tu legado perdurará por siempre en nuestros corazones, y tu ausencia será profundamente sentida en mi familia, en el Museo y en cada rincón donde tu luz brilló con intensidad.