09/09/2024
Sepamos algo del pueblo Humbi, MuHumbi, Ngumbi, NkHumbi u Ocinkumbi. A veces Humbe, aunque este sea en sí el nombre del más importante poblado donde viven.
Preguntándome porque los Tshokwe, Luba o Lunda, entre otros vecinos con mismo origen, hacen tan hermosas obras como conocemos, me pregunté y me puse a investigar porqué sus 'primos' no hacían nada similar. A este estudio lo he llamado "Paseando por las Dunas" y lo he tenido que dividir en tres bloques porque estos no harán cosas de alto nivel artístico, que comercialmente sobre todo han puesto a sus primos en la órbita del interés, pero porque para refrendar quienes son, entre los que son, les basta distinguirse aunque tan solo sea por el color de su pelo, o de los collares con que les gusta adornarse a las mujeres, pues aquí, ellas tienen mando en plaza. De ahí uno de sus más antiguos dichos: "La familia no proviene del pene".
Y no sabiendo por dónde empezar, me he ido al 3º de los capítulos, aún a sabiendas de todo lo que queda atrás y que explica muchas cosas atribuibles a todos, por tan solo el peculiar peinado de "orejas de elefante" o Ker Ungava, siendo el paso previo el Ungava, siendo por tanto esa especie de doctorado por el conocimiento adquirido por la muchacha el Ker, que lucen estas muchachas tras su paso a la edad adulta, y que en contra de la idea común, ninguno de estos pueblos realiza en estas mujeres ningún tipo de corte o escisión corporal, solo abundan en que adquieran los máximos conocimientos para ser personas que se adapten y aporten al resto de la comunidad.
Aunque sí se circuncida a los chicos.
Cuanto más me introduzco en estos pueblos, más aprecio las discrepancias existentes, y denunciadas, por los propios descendientes de estos pueblos que se han puesto a buscar hasta el más mínimo apunte existente sobre sus orígenes.
Y todos coinciden. Y todos tienen doctorados sobre sus propios orígenes, certificados en universidades de Canadá, USA, Brasil o Portugal.
Está claro que todos los pueblos del sur de Angola y norte de Namibia, sean bantúes o no, tienen numerosas coincidencias respecto a costumbres y tradiciones. Lo de las costumbres es en cierto punto normal, pues al compartir territorio, también lo hacen con el aire que respiran, los ciclos del tiempo, los medios alimentarios y aquellos con los que diferenciarse.
Los tradicionales, leído así de corrido, es lógico pensar que se deberían retrotraer a aquellos tiempos históricos en que cada pueblo concreto se originó. Pero creo que eso no sucede aquí. Y creo eso, aun apreciando las diferencias entre todos los que aquí concurren.
Veamos, si nos situamos en una ciudad española, creo que sería igual en otro país; existe una iglesia, da igual la confesión, en que se pone en valor, se alaba o reza, a un ‘santo’ o persona relevante, normalmente fallecida hace mucho mucho tiempo, y su ‘hermandad’ tiene un hábito, de habitual, en que se juntan un día concreto rememoran hechos concretos, posiblemente se coma o beba algo concreto y se distingan por algo visual de un color concreto. Y eso es tradición aunque se iniciara ayer y el país sea España, Suecia o Cracovia.
Y eso creo sucede aquí, discrepan de tener un origen común y se ponen en luz sus “notables diferencias”, pero resulta que se entienden al hablar, se dedican a lo mismo, visten de igual modo, se componen el cabello con lo mismo aunque no siempre con el mismo color, realizan los mismos ritos aunque se incorpore o quite una letra al traducirlos e incluso tienen en común sus enfermedades recurrentes, a pesar de su dispersión.
En fin, son humanos y eso de la especie une más que cualquier otra acusada diferencia, por lo que dar importancia a esto, que sea por alabar el ingenio y talento cuando es apreciable y bello.
Centrémonos de una vez en la particular de los Humbi, MuHumbi, Ngumbi, NkHumbi u Ocinkumbi. A veces Humbe.
Lo primero recordar que lo que hoy aun figura es que pertenecen al grupo NHaneka NkHumbi
Que hablan OlunkHumbi-Nhaneca. Sincretizados creen en Ndjambi. Practican los rituales de paso del Otyipwaendo y Fico con el casi extinto “Cortejo del Buey Sagrado”. Y un Sova les rige.
En definitiva, los casi 160.000 Humbi, tienen las mismas costumbres y tradiciones que los Muila y resto del grupo, por lo que quien quiera saber más tendrá que esperar, o pedirme concreta información.
Los Humbi viven entre las poblaciones Xangongo y Humbe ocupando las llanuras intermedias que riega y fertiliza el Cunene*. *a muchos extrañará ver escrito así el río, pero es que el idioma oficial del país es el portugués.
Su dedicación era el pastoreo de vacas que ahora compaginan con la agricultura, aprovechando las fértiles llanuras en las que entre enormes baobabs cultivan maíz y mijo perla, caña de azúcar, arroz, manís, sisal y algunas plataneras, así como un tipo de pimiento y otras hortalizas, porque el café no se les da por lo que sea. De los baobabs extraen sus frutos, que comen, y pulpa con la que hacen una especie de jabón.
El desarrollo de la vecina Namibia y el crecimiento de su población, ha beneficiado a estos ganaderos con pastos más abundantes que los de la desértica vecina o la abrupta montaña de los MuGambue, propiciando la demanda de ganado vacuno de la que son los más beneficiados.
Con el sisal, las mujeres Humbi son también capaces de hacer, como sus vecinas, enormes y preciosos cestos, según vean el mercado o sea temporada de recolección de una u otra cosa. Pues no es lo mismo almacenar grano de maíz que plátanos.
Hubo un tiempo en que los Humbi fueron un reino, regido por un rey, hasta que un rey que nunca estuvo pero envió soldados mejor armados, cambió las tornas. Fueron otros tiempos y hoy, en su ámbito, se rigen por un Sova que gobierna sobre Sovas de menor rango a los que en cada pueblo le asesoran sus ancianos. Los adivinos, aquí como allí también necesarios, actúan como augures asesorando a todos, más que adivinando, tras mirar las entrañas de algún ave.
Relacionarse es fundamental para avanzar y crecer y, a veces, aunque uno no quiera, si quiere otro es difícil oponerse. Estas gentes se encontraron con otros llegados de fuera, que poco a poco condicionaron sus vidas. No tengo claro que aprendieran, sí que cambiaron sus sistemas pues si de aquí a allí hay cien metros pues esas veces puse un metro, en el fondo es lo mismo que las 63 astas de vaca que puse para lo mismo. La llegada de colonos y con ellos misioneros les enseñó tres cosas: una que no todos los blancos son iguales; dos que el colono solo quería saber qué había; y tres que el misionero quería saber cuántos había, pues su jefe tasaba sus resultados en la cantidad de conversos que no en la calidad de su conversión.
De entonces aquí, mucho ha cambiado todo y entre ese todo están las peculiaridades de la cultura tradicional Humbi, modificadas por la persistencia de los misioneros cristianos y las ambiciones comerciales occidentalizadas de las gentes de la vecina Namibia.
Habrá quien crea al haber leído el texto anterior de los Mugambue, que a estos no les ha afectado ni la sequía ni la desidia que parece haber mostrado con ellos su gobierno. Y no es así, lo que pasa es que es difícil poner puertas al campo, por mucho que una hipotética línea muy bien trazada en un papel y delimitada por un ordenador las muestre, y a ver quién es el guapo que las pone entre Angola y Namibia y que estos, que viven a caballo, o mejor, con un pie en cada lado, no tengan mando a distancia que las borre o recoloque al gusto.
Por eso, si aquellos de las montañas se ven constreñidos y aislados, dejados de las manos de los que se dicen dioses, estos pueden campar por donde les ende, sin que nadie les diga qué cómo y cuándo, pudiendo en ese aspecto beneficiarse y salir de los apuros que a otros ahogan.
Pero en ese aspecto que no en otros, en que cualquier cosa que se salga de los criterios del dios que trajeron los blancos le perturbe, y entonces, el censor, al que seguro no le gusta este adjetivo diga que eso no, y hasta ahí; a cambiar criterios y con ello tradiciones, y sí, ya sé que no es inmediato, tampoco fugaz.
Esta merma cultural, no ha podido impedir, aun, observar los tradicionales y originales tocados de las Humbi, realizados durante las ceremonias de iniciación femenina. El cabello de las niñas se modela primero en forma de cresta, pasa, según el pueblo, por un proceso de introspección donde se ocultarán tras numerosos Missanga o ristras de cuentas de mil colores, para…
… por fin, sentirse con las Ker Ungava o ansiado tocado de “orejas de elefante”, que ven en el resto de compañeras, y que en el paroxismo de nervios que se les acumulan en la boca del estómago, esperan a que todas terminen y poder reunirse con la familia y amigos, que las esperan, también, con el ansia royendo de igual modo sus entrañas…
y… Helas aquí! Por fin! apareciendo compuestas con todos los aditamentos que requiere la ocasión; no solo con el tocado de “orejas de elefante”, si no con todo aquello que visualmente informa que ya están preparadas, que han dejado de ser niñas para pasar a adquirir la consideración de “Mujeres casaderas”.
Sus peinados parecen tener cierta conexión con sus primas Handa; y mujeres con porriños, esas varas que como cetros indica que la o el poseedor manda, sí parece querer decir que son dueñas de lo que más valoran, ser continuadoras de sus linajes, manteniendo su muy antiguo axioma de que: “La familia no proviene del pene”
El mundo avanza a lomos de metálicos caballos desbocados, ebrios por las emanaciones de sus propias flatulencias. Pero no importa ahora cuándo ni el camino ni los caminantes, religiosos o colonos, pues todos eran interesados, llegaron a todos los confines y este era, y es, uno de los más deseados.
Les llevaron otros modos y maneras que fueron, y siguen, cambiando las que hasta entonces prevalecían. No es de extrañar que los Humbi hayan ido dejando las suyas, enraizadas ya en el siglo XVII en su antiguo reino de Mataman, al albur de las nuevas modas que con inmediatez, los internáuticos medios cruzan milmillones de veces el mundo, o los altavoceros conseguidores de sueños desde sus púlpitos, o los pálidos o colorados visitantes engafados, que queriendo unos o sin querer otros, van harapeándo su estética, para hacerles parecer vaqueros, lo que son, pero no de su oeste sino de su antípoda americano.
No es fácil, tampoco difícil si antes se acuerda, ver en algún híper de Humbe, mujeres de cierta edad con sus peinados típicos, compuestos hoy con extensiones de cabello sintético, y pasear engalanadas con sus faldas de mil colores por sus calles, esperando al turista euroizado.
La llegada de la civilización produjo cambios en todos los órdenes, que debieron convulsionar no solo su imagen exterior, aunque esta es tan patente como vimos en los Herero, lo que se puede comprobar viendo las fotos que ciertos etnólogos fueron tomando.
Por un lado y a pesar del calor, no hubo otra que cubrirse, pues se escandalizaban los escandalizadores, no los que desconocen qué es, y los libidinosos timoratos que por serlo se ven más afectados que los que libremente se comportan. Lo más curioso es que mantuvieron sus cabellos típicos del día a día y como hemos visto, también los de sus ritos de paso.
Sugiero ver las pocas fotos que este censor sistema me permite, lo que estamos por ver, para ver algunos de los cambios producidos en esa evolución estética de sus modos y maneras, en menos de un siglo.
Dicen que los buenos tiempos traen faldas más cortas.
Parece que aquí, no corren buenos vientos.
Angola quiso que se les conociera en el Mundo y sin duda lo ha conseguido.
Su lucha diaria no ha mutado a pesar de los muchos años transcurridos y siguen superviviendo como antaño, hoy con sus escuálidas reses por culpa de la sequía y cultivando como pueden: mijo, frijoles, batatas, maní, melones y calabazas. Su árido pastizal boscoso se humedece con cierto calado dos meses al año con escorrentías que llaman Oshanas, lo que me parece una alusión a lo inculcado por otros cauces, no sé.
Eran formidables fundidores y herreros a pesar de no tener depósitos de cobre ni hierro, parece que aprendieron antes de llegar aquí, tal vez en sus contactos con sus primos Tshokwe antes de migrar. La globalización se ha llevado sus reputados trabajos y todo metal llega de oriente. Sus mujeres son también afamadas artesanas en la región y aunque antes hacían graciosas muñecas con sisal, tristemente hoy cualquiera encuentra botellas de cerveza o plástico a las que le han implantado algo simulando una peluca, impidiendo que las Humbi desarrollaran su iniciativa y creatividad; no la han perdido en algo en lo que aún son excelentes artesanas: la cestería y la cerámica. *siento tener que poner una foto de un pueblo vecino para ver el hórreo porque las existentes de este pueblo no se me permitirían
Los pueblos Humbi, construidos entre bosques de baobabs centenarios, destacan por su composición geométrica y su organización del espacio, sus casas son rectangulares y por lo general de madera con techo de paja ya hoy de zinc, rodeadas de enormes empalizadas para proteger a los animales domésticos de las alimañas.
Como sucede con todos los pueblos del entorno,
los pastos, al igual que los terrenos de cultivo son comunales,
e igualmente como los Ámbos y Hereros manifiestan la gran influencia de la cultura camítica oriental de sus orígenes, en la creencia de la sacralidad de su ganado.
Aunque oficialmente hoy se tiene a los Humbi como cristianos protestantes, su conexión con el mundo espiritual vernáculo y con ciertos rituales, sigue viva en los pueblos del interior.
Bueno, releyendo esto me parece tan falto de todo, que me parece estúpido el tiempo perdido y tan solo lo mantengo por que espero, a la vez, que a alguien le mueva el interés por saber más...
De momento despidamos a las primorosas muchachas de las “Orejas de Elefante” y…