14/06/2026
Nueva con el Prof. Fernando Lillo
"Cuando me robaron una gran cantidad de ropa valiosa me sentí desesperado. No sabía quién había sido el ladrón e intuía que la justicia humana iba a ser lenta y posiblemente ineficaz. Un amigo me sugirió entonces que utilizara una tablilla de maldición para solucionar el problema. Si no sabía cómo hacerlo, me indicaría alguien experto en confeccionarlas. En todo caso tenía que usar una lámina de plomo y escribir en ella un texto invocando a una divinidad infernal que llevaría a cabo las desgracias que le esperaban al amigo de lo ajeno. Luego debía doblarla, traspasarla con un clavo y esconderla en una tumba, preferiblemente de una persona que hubiera mu**to violentamente o antes de tiempo, como los niños o muchachas que no habían podido casarse. Esos espíritus inquietos estarían dispuestos a ayudar a que la maldición fuera efectiva. Por supuesto, debía hacerlo en secreto, porque no era una práctica legal. Como me vio indeciso y quizá temeroso de no cumplir con la ley, añadió: “También puedes suplicar la justicia divina públicamente. Eso sí, te saldrá algo más caro, porque tendrás que pagar a un lapicida para que te inscriba el texto en un soporte duro. Te recomiendo que invoques el poder de Proserpina, reina del mundo de los mu**tos. Una vez tengas la placa, tienes que exhibirla en el templo de la diosa y esperar a que el ladrón se ablande con la amenaza divina y te devuelva lo que te ha robado”. Me pareció buena idea y contraté a un lapicida que al final no me hizo un trabajo demasiado bueno, pero yo tenía prisa por conseguir mi objetivo. Desde luego, si no surte efecto, y el ladrón no me restituye las prendas, voy a encargar una tablilla en la que ponga que ese desgraciado no pueda conciliar el sueño, se quede mudo, se vea afectado en el pecho y ojos y que todas sus facultades se atrofien.
Diosa Ataecina turobrigense, Proserpina, por tu majestad te ruego, imploro y suplico que vengues el robo que se me ha hecho, quienquiera que haya cambiado, robado o menguado las cosas escritas más abajo: seis túnicas, dos capas de lino, una camisa...
Siglos II-III d. C."