18/09/2026
🐟La Conservera es una recreación de una pequeña fábrica temporera situada en una localidad portuaria asturiana durante la costera del otoño de 1936, en los inicios de la Guerra Civil. En ese momento, los trabajadores se han organizado en un comité de autogobierno, impulsado por el ambiente de revolución social.
La industria conservera aparece como un sector profundamente feminizado, caracterizado por unas condiciones laborales especialmente duras. Las trabajadoras, junto con los menores, soportan jornadas maratonianas a destajo, salarios muy bajos y, en ocasiones, la vulneración de la legalidad mediante la contratación a edades tempranas. La urgencia de procesar rápidamente el pescado durante las costeras intensifica estas exigencias. Además, los jornales femeninos son inferiores a los masculinos, lo que convierte a mujeres y menores en una mano de obra rentable para los patrones. La precariedad económica dificulta también que puedan recurrir a huelgas u otras medidas de presión.
A pesar de estas circunstancias y del rechazo social hacia las mujeres que trabajan fuera del hogar en empleos considerados “impropios”, el acceso a estos puestos resulta fundamental para muchas familias. Los salarios de la conservera, aunque reducidos, son superiores a los de otras ocupaciones portuarias disponibles para ellas. Por eso, se presenta como un empleo muy deseado, al que aspiran muchas mujeres, aunque solo unas pocas consiguen acceder.
La fábrica afronta además las tensiones derivadas de su doble condición de industria autogestionada y productora estratégica de alimentos. Sus conservas son esenciales para abastecer tanto a los barrios urbanos controlados por comités republicanos como a los batallones del frente.
Finalmente, la obra muestra los esfuerzos de las mujeres por mejorar su formación cultural y laboral como vía hacia la emancipación. También refleja la difusión de distintas ideologías políticas y los conflictos entre militancias femeninas y masculinas, incorporando testimonios de destacadas políticas asturianas y españolas.
Fotos de: Andrés Martínez Gema Sánchez González
Texto de: Luci Miklagard