01/09/2026
El árbol más antiguo del mundo. A Rolf Beyebach
La última vez que estuve en casa de Rolf fue con motivo de una sesión de fotos, de la que salió un retrato al que ambos teníamos mucho cariño. En ese retrato, debía de aparecer el él, pero también su otro “él”: su jardín, aquel bosquecillo condensado y limitado por los muros que cerraban su finca pero que parecían no tener límites hacia el cielo. Allí vivían cerca de un centenar de los bonsáis que con tanta dedicación cuidaba y que un tiempo atrás, cuando las fuerzas aún le acompañaban, iban y venían a nutrir al Espacio Bonsái del Museo Evaristo Valle. Hombre culto y sensible, apasionado de la naturaleza, de la historia y de la paleontología. Recordaré siempre como hablaba con gran admiración del Gingo biloba “el árbol más antiguo del mundo” decía, al que le gustaba vincular con sus fósiles. No se perdía una exposición, una conferencia, una tertulia, un concierto de cámara y regalándonos con su sabiduría no sólo en lo referente a bonsáis, sino también en temas como la geología o la naturaleza, en multitud de charlas, proyecciones, columnas de prensa, visitas guiadas…, siempre con su mujer, Sibylle, imprescindible apuntadora, y muy crítico ante la indiferencia o el desinterés.
Le conocí siendo yo aún un chaval, cuando en 1986 empezó a traer sus árboles en miniatura, criados y recolectados por él mismo, al Museo. Era por aquél entonces un pionero en España y muy especialmente en Asturias, llegando a ser delegado de la Asociación Española de Bonsáis en Europa y una figura de referencia. Hasta el punto de encargarse de traer a Gijón los bonsáis pertenecientes a las colecciones de la Casa Real y del entonces presidente del Gobierno, Felipe González, con motivo de la creación en 1994 del Espacio Bonsái en el Evaristo Valle, que nacía con la vocación de albergar su propia colección de árboles en miniatura.
Desde entonces este espacio se ha podido visitar ininterrumpidamente con una selección de los árboles de Rolf, al que se han ido sumando otros ejemplares, quedando finalmente por expreso deseo suyo una quincena de sus bonsáis entre los que se encuentran un abedul (Betula alba), arce japonés (Arcer palmatum), boj (Buxus semprevirens), cedro de Chipre (Cedrus brevifolia), enebros (Juniperus chinensis), falso ciprés “columna” (Chamaecyparis lawsoniana), gingo biloba (Gingko biloba), hayas (Fagus sylvestris), olmos (Ulmus campestris) y pinos (Pinus mugo y Pinus sylvestris).
Decía Rolf que “Cada ejemplar merece ser contemplado tranquila e individualmente, englobando cada maceta un pequeño mundo que tiene su propio mensaje, para la persona que tenga voluntad y paciencia de percibirlo”.
Pablo Basagoiti
Fundación Museo Evaristo Valle
30 de agosto de 2026