14/11/2025
Miguel Martín Camino, Jefe de Museos y Arqueología de Cartagena, entra en una nueva etapa en su vida, despidiéndose de su trabajo en el museo para disfrutar de una muy merecida jubilación. Sus compañeros y amigos, el equipo de trabajadores que hemos tenido el honor de trabajar con una persona tan excepcional como Miguel, nos quedamos un poco huérfanos con su marcha. Porque si, como él mismo nos dice en su carta de despedida, el museo ha sido para él una madre, Miguel ha sido para el museo, y para la arqueología de Cartagena, un padre entregado.
¡Te queremos Miguel, y te deseamos lo mejor en este nuevo camino!
Os transcribimos a continuación la carta de despedida de Miguel:
"CUANDO LAS PIEDRAS GUARDAN MEMORIA"
"Queridos compañeros y compañeras,
Hay lugares que no solo se habitan, sino que llegan a formar parte de quienes somos. Para mí, el Museo ha sido ese lugar: no solo un espacio de trabajo, sino un hogar de silencios cargados de historia, de vitrinas que me enseñaron a mirar con humildad el paso del tiempo.
En unos días comenzaré mi camino hacia la jubilación. Es una frase sencilla, pero encierra un vértigo de recuerdos y emociones. La jubilación es un umbral en el que la vida se transforma en memoria y la memoria en legado. Al cruzarlo, comprendemos que el tiempo vivido no se mide por cargos ni por años, sino por las huellas que dejamos en las personas y en los lugares que amamos.
Entre esas huellas, siento que mi paso ha quedado inscrito en los muros del Museo Arqueológico, no como una piedra más, sino como el signo humilde de quien quiso servir con pasión y gratitud a la historia compartida de Cartagena.
En el Museo hay una inscripción funeraria que siempre ha sido mi brújula interior. En ella, una hija dedica a su madre un monumento sencillo, confesando que hubiera querido algo más digno, pero sus medios solo le permitieron esto:
«Aquí yace Vinuleia Calena, liberta de Lucio. La hija lo hizo como pudo, no como hubiera querido».
Hace dos mil años, aquellas palabras revelaron una verdad que sigue viva: la distancia entre lo que anhelamos ofrecer y lo que alcanzamos a dar. En esa tensión -entre el ideal que ilumina y el límite que nos contiene- se revela lo más humano de nosotros: la grandeza de entregarse con sinceridad, aun sabiendo que nunca será todo lo que hubiéramos querido.
También yo hubiera querido dar más, llegar más lejos, ofrecer al Museo y a Cartagena todo lo que soñaba. Pero cada paso estuvo guiado por la pasión, la honradez y la convicción de que el patrimonio no nos pertenece: nos trasciende. En su custodia se juega no solo nuestra memoria, sino también nuestro futuro.
Y si aquella hija hablaba a su madre con amor, yo puedo decir que este Museo ha sido, para mí, una madre: una presencia que me ha alimentado con su historia, que me ha exigido cuidado y, a la vez, me ha cobijado con su ternura silenciosa. Como toda madre, también supo consolarme en los días difíciles y celebrar mis pequeñas victorias. A su lado he crecido como persona y como profesional.
He aprendido que las instituciones también tienen alma, y que cuando se las ama de verdad, devuelven sentido y propósito a la vida. Así me gustaría que se recordara mi paso: como el de quien cuidó de una madre sabia y generosa, intentando -con los medios de que dispuso- honrarla con su trabajo.
Por ello, mi gratitud sincera a todos los funcionarios y trabajadores de este Ayuntamiento, que con su apoyo constante acompañaron la vida del Museo. Y a mis compañeros y compañeras, que han hecho de esta casa un organismo vivo donde la memoria respira y se renueva.
Hoy me despido con la serenidad de saber que el Museo queda en buenas manos. Y lo hago con la esperanza de que cada generación escriba aquí su propio capítulo, con nuevos impulsos y renovadas ilusiones. Porque lo que permanece, más allá de nombres y tiempos, es la verdad del esfuerzo y la autenticidad del amor con que se trabaja.
Y cuando mis pasos ya no resuenen en sus salas, me gustaría que alguien, al contemplar una pieza, pueda sentir que fue amada, cuidada, contada… y que yo, humildemente, fui parte de ese relato.
Cartagena y su Museo serán siempre mi casa, mi refugio de memoria y, en el sentido más profundo, mi madre. "
"Miguel Martín Camino"