Resulta un lugar común pensar que el arte, el ejercicio artístico, está relacionado con la discusión dos sistemas:
(i) el difusor: que guarda ciertos códigos, determinadas maneras de protocolo, formas que las veces se vinculan con características de grupo, con élites culturales que manejan sus propios esquemas de valor y que pueden de un momento a otro, instaurar nuevas estructuras de prestigio a
través del apuntalamiento de nuevas vertientes axiológicas. (ii) el emergente: que de igual manera, se han dado formas paralelas visibles que evaden la gloria del reconocimiento, y que subterráneamente apuestan a la posibilidad de hurgar en terrenos no convencionales. Este tipo de manifestaciones, por lo regular, se mueven en ámbitos donde se preserva el culto por el objeto o la acción artísticas y podríamos afirmar que mucho de lo que registra la historia del arte –como tendencia- se ha movido en estos ámbitos; de tal forma que estas vertientes son fusionadas en el proyecto de creación en Art-Mirall.