02/02/2026
Hace 370 años, el 2 de febrero de 1656, fue organizado el poblado de Nuestra Señora de la Candelaria del Retiro, por orden del gobernador de Neiva y de la Villa de San Calixto de Timaná, don Diego de Ospina y Maldonado. Este dispuso que los franciscanos fray Bernardo de Lira y fray Juan Troyano, O.F.M., quienes se encontraban en San Francisco de Íquira, se hicieran cargo de las poblaciones paeces del suroccidente del territorio, las cuales —según los documentos— se hallaban “muy abandonadas”.
No obstante, la fecha de la fundación hispánica resulta difusa con el paso del tiempo. Ello se debe a que el 2 de febrero corresponde en realidad a la fecha en que fray Ignacio de Mariño, O.F.M., se estableció como cura doctrinero del pueblo de indios a partir de 1670, según consta en el Libro I de actas de bautismos. En contraste, para 1656 los franciscanos arribaron el 23 de septiembre, tras la orden del gobernador Ospina y Maldonado, con el objetivo principal de evangelizar, mas no de erigir formalmente un poblado, de acuerdo con los requisitos establecidos por la Corona española para la fundación de ciudades. En este sentido, cabe preguntarse si se trata de una “fecha compuesta” entre organización misional y establecimiento doctrinero.
En cuanto al nombre del territorio indígena Páez, este era conocido como “Osyon”, vocablo que podría significar “aquí estoy” o “aquí vengo”; no obstante, en lengua quechua —con la cual parece guardar relación— podría interpretarse como “Río del Oso”. Es probable que los paeces se asentaran en este caserío como estrategia militar, al ubicarse a espaldas de las estribaciones de la Cordillera Central, lo que les permitía recibir apoyo de sus hermanos de Tierradentro cuando enfrentaban los sangrientos combates contra los invasores pijaos provenientes del vecino territorio del Saldaña. Su aislamiento o dispersión en la cordillera habría sido, asimismo, una estrategia de supervivencia frente a la empresa de la conquista.
Posteriormente, en 1887, el gobernador del Tolima Manuel Casabianca, en nombre de la disuelta Asamblea y mediante el Decreto 650 del 13 de octubre de ese año, elevó el poblado a la categoría de Distrito. Más adelante, por medio de la Ordenanza 36 del 16 de junio de 1937, se dispuso el cambio de nombre a Teruel, denominación que conserva hasta la actualidad.
Bibliografía: académica Huilense de historia
Fotografía; Capturada del templo nuevo recién terminado hacia el año 1960.
Cortesía; Familia Pérez