Ninhue Tus Raíces

Ninhue Tus Raíces Pagina dedicada a la historia de la comuna de Ninhue, y su gente

✴️ LA ÚLTIMA CAMPANA DE LLOHUÉ▪️ Crónica patrimonial de una escuela rural olvidada      En el corazón de sector de Llohu...
05/06/2026

✴️ LA ÚLTIMA CAMPANA DE LLOHUÉ

▪️ Crónica patrimonial de una escuela rural olvidada

En el corazón de sector de Llohué, entre caminos de tierra, espinos y quebradas silenciosas, existió una pequeña escuela rural que durante décadas fue el alma de la comunidad. Hoy casi no quedan rastros materiales de ella, pero en la memoria de los antiguos habitantes aún permanece viva como símbolo de esfuerzo, encuentro y esperanza campesina.

La antigua escuela de Llohué fue mucho más que un edificio de abobes y tejas. Representó el punto de reunión de generaciones completas de familias del sector. Allí aprendieron a leer hijos de inquilinos y de agricultores que recorrían largos caminos para asistir a clases. Muchos a caballo, otros caminando entre barro y escarcha durante las mañanas de invierno.

Las salas eran sencillas: piso de tierra, pupitres gastados y una cocina a leña que templaba el frío. Sin embargo, para quienes estudiaron allí, aquel lugar significó la puerta hacia el conocimiento y también hacia el mundo.

Con el paso de los años, la vida campesina comenzó a cambiar. La migración hacia las ciudades redujo lentamente la cantidad de alumnos. Las nuevas oportunidades laborales y educacionales alejaron a las familias jóvenes, dejando los campos cada vez silencios.

No hubo ceremonia ni despedida oficial. Simplemente un día dejaron de escucharse las voces infantiles en los recreos, la antigua campana quedó muda para siempre. Con el abandono, la naturaleza comenzó a cubrir lentamente los restos de la construcción, como si el mismo paisaje quisiera proteger sus recuerdos.

Hoy, la desaparecida escuela de Llohué forma parte de ese patrimonio invisible que sobrevive gracias a la memoria oral de sus habitantes. Aunque el tiempo haya borrado gran parte de sus muros, todavía persiste en las historias compartidas junto al fuego, en fotografías antiguas y en el recuerdo emocionado de quienes aprendieron allí sus primeras letras.

Rescatar la historia de estas escuelas rurales es también reconocer la importancia que tuvieron en la construcción cultural y social del campo chileno. Fueron espacios de aprendizaje, identidad y comunidad; pequeños faros levantados en medio de la ruralidad profunda.

Porque mientras alguien recuerde la vieja escuelita de Llohué, su campana jamás dejará de sonar en la memoria de Ninhue.

Fotografía actual de la que fuera la antigua escuela de Llohué. Archivo Patrimonial “Ninhue tus Raíces”.

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✴️ MEMORIA DE UNA BANDA▪️ Ninhue al compás de su Historia        En Ninhue, donde las mañanas de mayo suelen abrirse con...
02/06/2026

✴️ MEMORIA DE UNA BANDA

▪️ Ninhue al compás de su Historia

En Ninhue, donde las mañanas de mayo suelen abrirse con neblina, hubo una vez un ritmo que marcaba el pulso del pueblo: la “Banda de Guerra Arturo Prat”, del Liceo C-91, siendo su instructor don Reínaldo Albornoz Aguayo.

Nació el 21 de Mayo de 1996 por iniciativa de don Ángel Cortés, quien por esos años ejercía como alcalde. No fue solo una autoridad: fue un verdadero gestor de la Banda, convencido de que la música y la disciplina podían unir a los jóvenes y dar identidad a la comunidad. Con esfuerzo y convicción, reunió los primeros instrumentos y motivó a un grupo de jóvenes, que sin saberlo, comenzarían a escribir una parte importante de la historia local.

Con el tiempo, la Banda se volvió infaltable. Estaba presente en todos los actos conmemorativos de Ninhue; desfiles, ceremonias escolares, fechas patrias. Sus uniformes alineados y su ritmo firme no solo acompañaban los eventos, sino que emocionaban a quienes los veían. Era orgulloso, era historia, era comunidad.

Años después, sin embargo, el ritmo comenzó a apagarse. Los ensayos se hicieron menos frecuentes, los jóvenes tomaron otros rumbos y el impulso inicial fue perdiendo la fuerza. Sin un cierre formal, la banda simplemente dejó de sonar.

Pero en el recuerdo de Ninhue sigue viva. Porque más allá de su desaparición, quedó el legado de don Ángel Cortés, el alcalde que no solo dirigió una comuna, sino que hizo marchar su memoria al compás de tambores y cornetas.

Fotografía tomada el año 1998, su tambor mayor la estudiante María Barrera.

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✴️ UN ROSTRO PARA LA MEMORIA          DE NINHUE▪️ La emotiva donación de busto del Dr. David Benavente al Cuerpo de Bomb...
30/05/2026

✴️ UN ROSTRO PARA LA MEMORIA
DE NINHUE

▪️ La emotiva donación de busto del Dr. David Benavente al Cuerpo de Bomberos

En la historia patrimonial de Ninhue, uno de los episodios más significativos vinculados a la memoria cívica y familiar ocurrió con la donación del busto del doctor David Benavente, distinguido como Hijo Ilustre de la comuna, a la Primera Compañía del Cuerpo de Bomberos que lleva su nombre.

La pieza, de gran valor artístico e histórico, fue realizada en 1909 por el destacado escultor nacional Simón González Escobar, y representa al Dr. Benavente con solemnidad propia de las figuras que marcaron profundamente la vida pública y social de su época. Fundida en bronce patinado oscuro, la escultura destaca por su sobriedad, su equilibrio formal y la fuerza expresiva del rostro, característico del trabajo escultórico de comienzos del siglo XX.

La iniciativa de donación surgió desde los descendientes de don Juan Benavente Puga y doña Isabel Benavente Ariztía, quienes, conscientes del valor símbolo y afectivo de la obra, disidieron entregarla en donación a la comunidad bomberil de Ninhue como un gesto de reconocimiento y continuidad del legado familiar. La elección de la Primera Compañía del Cuerpo de Bomberos no fue casual: la institución no solo honra el nombre del médico, sino que Bomberos representa los valores de servicio, compromiso y vocación pública que él encarnó en vida.

Su presencia recuerda diariamente la figura del Dr. Benavente, su aporte a la comunidad y el vínculo permanente entre la historia familiar, el arte escultórico y el servicio voluntario de bomberos.

Así, esta obra de más de un siglo de existencia sigue cumpliendo su función más profunda: preservar la memoria colectiva y fortalecer el sentido de pertenencia de una comunidad que reconoce en su pasado una fuente viva de inspiración para el presente.

Fotografía, obra de 1909 fue donada a la Primera Compañía de Bomberos de Ninhue por descendientes de la familia Benavente.

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✴️ CENTENARIAS Y ETERNAS ▪️ Las Palmas que vieron crecer un           Pueblo   En el corazón de Ninhue, donde las campan...
27/05/2026

✴️ CENTENARIAS Y ETERNAS

▪️ Las Palmas que vieron crecer un
Pueblo

En el corazón de Ninhue, donde las campanas antiguas todavía parecen conversar con el viento de la tarde, se alzan las palmas patrimoniales y centenarias de la plaza Dr. David Benavente. Altas, silenciosas y pacientes, han visto pasar generaciones enteras desde mucho antes que las calles fueran pavimentadas y las noches se iluminarán con electricidad.

Dicen los viejos del pueblo que las palmas llegaron cuando Ninhue aún era un caserío de polvo y carretas. Las plantaron hombres de sombrero ancho y manos curtidas, con la esperanza de que crecieran firmes como el carácter de la gente del secano. Nadie imaginó entonces que aquellas palmas chilenas sobrevivirían terremotos, sequías, fiestas patrias, funerales y despedidas.

Con los años, alguno jóvenes partieron a ciudades lejanas. Santiago, Concepción y Chillán comenzaron a llevarse a sus hijos en busca de trabajo o estudios. Pero muchos regresan para las fiestas familiares y, al llegar a la plaza, levantan la vista hacia las palmas como quien reconoce a un viejo amigo que nunca abandonó su puesto.

Hoy, las palmas patrimoniales y centenarias siguen allí. Observando el movimiento tranquilo de Ninhue.

Son más que plantas: son archivos vivos del pueblo. Cada tronco guarda secretos de otro tiempo; cada hoja parece contener voces antiguas, risas olvidadas y nombres que el viento aún pronuncia al caer la tarde.

Cuando el sol se esconde detrás de los cerros y la plaza queda en silencio, algunos aseguran que las palmas murmuran entre sí, recordando el Ninhue del siglo pasado. Y quizás sea cierto, porque hay lugares donde la historia no se escribe en libros, sino en raíces profundas que permanecen firme mientras el tiempo sigue caminando.

Fotografía de la década de lo ‘80, plaza Dr. David Benavente, con las dos ejemplares centenarias de Palma Chilena (Jubacea chilenesis) del Archivo “Ninhue tus Raices”

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✴️   HACIENDAS DE NINHUE            Fundo  COLLIPEUMO       Tres Siglos de Historia y Vino        En las suaves lomas de...
24/05/2026

✴️ HACIENDAS DE NINHUE

Fundo COLLIPEUMO

Tres Siglos de Historia y Vino

En las suaves lomas de Ninhue, donde los inviernos huelen a leña húmeda y las parras antiguas sobreviven al viento del secano, nació la Hacienda Collipeumo, uno de esos fundos coloniales cuya historia parece confundirse con la propia memoria del sur de Chile. Allí, entre quebradas, ríos, esteros y viñedos tempranos, comenzó a forjarse una tradición agrícola y familiar que atravesó más de tres siglos de herencias, matrimonios y sucesiones.

Hacia 1680, en plena época colonial, la propiedad aparece vinculada a la familia de don Bernardo Soto Aguilar y López de Sant Ángel, miembro de una estirpe criolla asentada en Itata cuando la frontera del Reino de Chile aún miraba con temor hacia el Biobio. En aquellos años, la hacienda no era solamente tierra: era casa patronal, capilla, bodegas de adobe y extensos cultivos donde convivían trigo, ganados y las primeras viñas herederas de la tradición hispano - criolla que se expandía por el valle. Itata desde el siglo XVI, fue uno de los territorios pioneros del vino chileno.

A través del tiempo, la propiedad pasó por generaciones de la familias Soto Aguilar, enlazándose con apellidos como Mier de Arce, Roa y Rioseco. Ya en el siglo XIX, la hacienda continuó su historia bajo la familia Benavente Carvajal y sus descendientes Benavente Serrano y Benavente Puga, que prolongaron la tradición agrícola y vitivinícola del fundo. Bajo su administración, Collipeumo reforzó su identidad y consolidó bodegas y parronales que dieron prestigio local a sus vinos.

El nombre “Collipeumo” comenzó entonces a circular más allá de la comarca. En las fondas rurales, en las fiestas y en los antiguos caminos de carretas que conectaban el Itata con Concepción y Chillán, los vinos del fundo adquirieron fama por su carácter campesino y noble. Eran vinos hechos sin artificio: pipeños, tintos pais, moscateles fragantes y mezclas familiares guardadas en viejas tinajas de greda.

Como muchas haciendas de Itata Collipeumo fue más que una explotación agrícola: fue un núcleo humano. Allí trabajaron inquilinos, medieros, arrieros y vendimiadores; allí nacieron generaciones enteras que aprendieron a podar las parras antes incluso de saber leer. El paisaje del fundo - sus corredores de adobe, lagares, bodegas frescas y viñedos retorcidos por el tiempo- quedó grabado en la memoria rural de Ninhue.

Así la Hacienda Collipeumo permanece como un símbolo de permanencia: desde los Soto Aguilar coloniales hasta los Benaventes del siglo XX, desde las primeras viñas criollas hasta los actuales vinos de Itata, su historia representa la persistencia de una cultura campesina y vitivinícola profundamente chilena, nacida entre cerros antiguos, tierra granítica y parras centenaria.

Fotografía de la antigua casona del fundo Collipeumo, la que fuera demolida completamente producto de los daños del terremoto del año 2010. Aporte de Alfredo Díaz Muñoz.

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✴️ NARANJOS DE LA MEMORIA ▪️ El perfume eterno de Ninhue      En las calles del pueblo de Ninhue, hay una presencia sile...
18/05/2026

✴️ NARANJOS DE LA MEMORIA

▪️ El perfume eterno de Ninhue

En las calles del pueblo de Ninhue, hay una presencia silenciosa que acompaña a sus habitantes desde hace más de un siglo: los naranjos centenarios. No son simples árboles decorativos. Son parte del tejido vivo del pueblo, testigos de conversaciones antiguas, de cambios de época y de generaciones que han crecido a su sombra.

Muchos de estos naranjos fueron plantados alrededor de 1920, cuando las calles todavía eran de tierra apisonada y el ritmo de vida seguía el compás de las estaciones. En aquel tiempo, los vecinos los plantaron no solo por su belleza, sino también por su calidad: ofrecían sombra en los veranos intensos y frutos que perfumaban el aire con su aroma dulce y ligeramente amargo, característico de las naranjas más rústicas.

Con los años, el pueblo fue cambiado. Llegó el pavimento, la electricidad, los automóviles. Algunas casas se modernizaron, otras desaparecieron. Pero los naranjos permanecieron. Sus troncos su fueron engrosando como si acumularan memoria en cada anillo de madera. Sus ramas aprendieron a convivir con los cables del alumbrado público y sus raíces se aferraron a la tierra como si supieran que eran parte de algo más antiguo que que el propio trazado urbano.

En primavera, las calles de Ninhue se llenan de un perfume casi invisible pero persistente. Las flores blancas de los naranjos parecen pequeñas estrellas que caen entre las veredas, mientras los insectos revolotean como si reconocieran un lenguaje que solo ellos entienden. En verano, los frutos comienzan a madurar, pintando de naranja intenso algunos rincones del pueblo, aunque muchos quedan en los árboles, alimentando a las aves y la memoria misma del lugar.

Hoy, los naranjos centenarios de Ninhue no son solo árboles. Son guardianes del tiempo. En sus calles, cada hoja caída parece escribir una pequeña historia que el viento se encarga de volver a contar una y otra vez, recordando que el pueblo no solo se habita: también se hereda.

Fotografía naranjos centenarios de calle Arturo Prat, registro del año 2008, del Archivo Patrimonial “Ninhue tus Raices”.

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✴️ LA FRAGUA DE “DON CHAYO”      PERSONAJES DE NINHUE▪️Don José del Rosario Parra Parra             Don “CHAYO PARRA”   ...
14/05/2026

✴️ LA FRAGUA DE “DON CHAYO”

PERSONAJES DE NINHUE

▪️Don José del Rosario Parra Parra
Don “CHAYO PARRA”

Hubo un tiempo en que los pueblos rurales dependían del trabajo silencioso de hombres cuyo oficio era tan esencial como el pan o la lluvia. Entre ellos destacamos a Don José del Rosario Parra Parra, herrero de pueblo, artesano del hierro y figura imprescindible en la vida campesina de su comunidad.

Su fragua, ubicada junto al camino de tierra en el sector Los Cardones, por donde transitaban carretas y caballos, fue durante décadas un punto vital para el trabajo rural. Allí llegaban campesinos desde distintos sectores llevando herramientas quebradas, ruedas dañadas, cadenas partidas o animales que necesitaban nuevas herraduras. En tiempos donde aún no existían tractores modernos ni repuestos industriales al alcance de todos, el conocimiento de un herrero podía significar la continuidad de una cosecha o la supervivencia del trabajo diario.

El sonido del ma****lo golpeando el yunque formaba parte del paisaje del pueblo de Ninhue. Desde temprano, entre el humo, carbón encendido y chispas luminosas, don “Chayo” daba nueva vida al hierro gastado por el esfuerzo campesino. Con paciencia y precisión fabricaba piezas, reparaba implementos agrícolas.

La fragua también era un espacio de encuentro comunitario. Mientras el hierro tomaba temperatura en el fuego, los vecinos conversaban sobre lluvias, siembras, las dificultades del campo o las noticias familiares. Como muchos artesanos tradicionales, don José del Rosario ocupaba un lugar respetado dentro de la comunidad: era trabajador, consejero y testigo de la vida cotidiana del pueblo.

La llegada de la modernización transformó lentamente aquella realidad. Las máquinas remplazaron animales y herramientas tradicionales; Los productos industriales comenzaron a ocupar el lugar de los oficios manuales. Poco a poco, la figura del herrero rural fue desapareciendo del paisaje campesino chileno.

Sin embargo, la memoria de don José del Rosario Parra, don “Chayo” permanece viva como símbolo de una época en que el trabajo se construía con las manos, el esfuerzo y el conocimiento trasmitido ente generaciones.

En cada herradura, en cada arado reparado y en cada golpe de ma****lo quedó grabada la dignidad de quienes, desde el anonimato, ayudaron a construir la historia de nuestro pueblo.

Y aunque la fragua de don “Chayo” haya quedado en silencio, todavía parece escucharse, en la memoria de los más antiguos, el eco persistente del yunque marcando el ritmo de una vida que no debe olvidarse.

Fotografía una colaboración de su hija Teresa Parra, don José del Rosario Parra Parra y su esposa María del Carmen Andrades. Créditos a su autor.

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✴️ CURAHUÉN: MEMORIAS DE UN                                HOGAR OLVIDADO               El invierno en Ninhue llegaba te...
12/05/2026

✴️ CURAHUÉN: MEMORIAS DE UN
HOGAR OLVIDADO

El invierno en Ninhue llegaba temprano. La neblina descendía sobre los cerros y cubría lentamente los patios de la antigua casona del Fundo Curahuén.

Así comenzaba la vida en el Hogar de Menores Arturo Prat, un hogar que entre 1969 y 1982, acogió a centenares de niños en situación irregular, provenientes de distintas zona de Chile y ciudades donde la pobreza muchas veces obligaba a separar familias para intentar ofrecer a sus hijos una oportunidad distinta.

La vieja casona parecía inmensa para quienes llegaban por primera vez. Sus corredores largos, las piezas compartidas, el olor a leña húmeda en el invierno y a tierra caliente en verano quedaron grabados para siempre en la memoria de quienes vivieron allí. Algunos niños lloraban durante las primeras noches, extrañando a sus madres, otros descubrían por primera vez lo que era dormir en una cama limpia o compartir una mesa con decenas de compañeros.

No todo fue fácil. Había disciplina estricta, ausencias dolorosas y heridas invisibles que muchos niños cargaban en silencio. Sin embargo, entre las dificultades también florecieron momentos luminosos: partidos de fútbol interminables sobre tierra húmeda, celebraciones de Navidad donde un simple regalo parecía un tesoro, funciones escolares, risas en los comedores y conversaciones nocturnas bajo las brazadas mientras el viento golpeaba las ventanas de la casona.

Entre aquellos muros nacieron amistades que el tiempo nunca logró borrar. Los mayores cuidaban a los más pequeños, compartían ropas, secretos y sueños. Para muchos, Curahuén fue el primer lugar donde sintieron pertenencia, afecto y la posibilidad de imaginar un futuro distinto.

Hoy el tiempo ha cubierto de silencio gran parte de aquella historia. Pero la memoria de quienes vivieron allí, la casona del Fundo Curahuén sigue llena de voces infantiles.

Fueron cientos de historias.

Más de un década de vidas compartidas.

Y en cada una de ellas, quedó para siempre una parte del Hogar de Menores Arturo Prat de Ninhue.

Fotografía de la casona del Fundo Curahuén en la época del Hogar de Menores Arturo Prat, imagen posterior.
Créditos para el autor

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✴️ DONDE DESCANSAN LOS                     NUESTROS     En una colina al norte del pueblo de Ninhue, donde el viento baj...
09/05/2026

✴️ DONDE DESCANSAN LOS
NUESTROS

En una colina al norte del pueblo de Ninhue, donde el viento baja suave entre los árboles y el silencio parece hablar, descansa el antiguo cementerio parroquial del Ninhue.

Nacido hacia mediados del siglo XIX, en terrenos donados por la Familia Benavente, este lugar fue levantado para guardar el sueño eterno de generaciones enteras que dieron vida a la tierra ninhuana.

Hasta allí no se llegaba fácilmente. El camino hacia el camposanto era una subida dura, de piedra irregulares y pendiente pronunciada, lo que obligaba a avanzar lentamente. Por aquel sendero empinado subían los cortejos fúnebres, acompañados por rezos, lágrimas y silencios profundos. Los difuntos eran llevándos a pulso o cargados sobre los hombros de parientes, vecinos y amigos, en un último gesto de cariño y respeto. Cada paso era un esfuerzo compartido; una despedida hecha con las manos y el corazón.

Allí quedaron abuelos, campesinos, madres, niños y antiguos vecinos cuyos nombres aún sobreviven en la memoria de las familias. Cada Cruz y cada tumba cuentan una historia sencilla y profunda: la historia de un pueblo unido por la fe, el trabajo y la esperanza.

Cuando cae la tarde sobre Ninhue, el cementerio se llena de una calma antigua. El viento recorre los senderos y parece traer voces lejanas, recuerdos de cosechas, velorios y antiguas despedidas. Es entonces cuando el pueblo entiende que aquel lugar no es solo un camposanto: es la memoria viva de sus antepasados.

Porque en esa colina descansan los nuestros. Los que abrieron caminos, sembraron la tierra y levantaron hogares. Los que subieron aquel difícil sendero acompañado a sus mu***os, unidos por el dolor y solidaridad. Los que hicieron de Ninhue un lugar de raíces profundas y memoria eterna.

Y mientras alguien pronuncie sus nombres, nunca dejarán de estar presentes.

Fotografía: antiguo acceso al cementerio parroquial, desaparecida por los daños del terremoto del 2010.

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✴️    EL DÍA EN QUE NINHUE                COMENZÓ A BORDARSE▪️ Lanas que dieron vida a un pueblo.       El 6 de mayo de ...
06/05/2026

✴️ EL DÍA EN QUE NINHUE
COMENZÓ A BORDARSE

▪️ Lanas que dieron vida a un pueblo.

El 6 de mayo de 1971, amaneció distinto en Ninhue. El aire frío de otoño traía consigo algo más que el rumor del campo: traía un comienzo. Ese día, Carmen Benavente llegó al pueblo, sin imaginar que su presencia encendería una llama que no se apagaría con los años

Ninhue, silencioso y profundo guardaba historias en cada rincón, pero aún no sabía que pronto esa historias encontrarían un nuevo lenguaje: la lana y la aguja. Carmen no tardó en recorrer sus calles, en observar a su gente, en escuchar. Y fue en ese andar donde ocurrió un encuentro que marcaría todo: conoció a Filomena Vergara.

Filomena tenía en sus manos la memoria del campo, la vida cotidiana, los paisajes y los afectos. Pero aún no sabía que podía bordarlos, que podía hacerlos visibles y eternos en la tela. Carmen, con mirada atenta, supo reconocer en ella no sólo su talento, sino también la fuerza de una historia colectiva que esperaba ser contada.

Carmen sembró la idea; Filomena la hizo crecer. Juntas comenzaron a reunir otras mujeres del pueblo, mujeres que, como ellas, tenían mucho que decir, aunque pocas veces hubieran tenido la oportunidad de hacerlo.

Así comenzó el movimiento de las bordadoras de Ninhue. No fue solo aprendizaje técnico, sino un despertar. Cada puntada era un acto de identidad, cada bordado una narración viva: fiestas, cosechas, dolores, alegrías. Las telas comenzaron a hablar.

Hoy, al conmemorar un nuevo aniversario, Ninhue vuelve a mirar ese 6 de mayo como el día en que sus historias comenzaron a bordarse con orgullo. Y en cada lana, en cada color, siguen latiendo las manos de Carmen, la enseñanza compartida y la pasión inquebrantable de Filomena, junto a todas las mujeres que transformaron su voz en arte.

Hoy celebramos ese legado que sigue vivo, puntada a puntada.

Y seguirá, mientras haya manos dispuestas a aprender…

Y a bordar la historia de Ninhue.

Cada puntada es memoria.

Cada obra es identidad.

Felicidades a las mujeres bordadoras de Ninhue, en su 55 Aniversario.

Fotografía del inicio de las Bordadoras de Ninhue en 1971, en sus primeras clases de bordado, del Archivo de Carmen Benavente, hoy del Archivo Patrimonial “ Ninhue tus Raices”

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