23/01/2026
Ustedes saben que nos encantan las historias de nuestros vecinos y más aún cuando ellos nos las cuentan.
Hoy nos dedicamos a una de las actividades más destacadas durante la década del 70 y 80 LA CURTIEMBRE (por el auge de la peletería y marroquinería).
¿Quiénes nos contaron esta Historia?
Andrea, Claudia y Paulina, tres hermanas; que con orgullo cuentan como sus padres Mario y Norma quienes trabajaban en una actividad que no conocía de feriados, inclemencias climáticas y horarios poniendo en valor la CULTURA DEL TRABAJO.
LA BARRACA DE MARIO Y NORMA
Durante la década de 1980, en la localidad de Tornquist, el Sr. Mario Videla (Lato) se dedicó a la comercialización mediante la compra de especies animales especialmente liebres destinadas al aprovechamiento de sus cueros.
El proceso productivo incluía la compra de los animales, el cuereado de los mismos, la limpieza exhaustiva del cuero, la eliminación de restos orgánicos y su posterior secado.
La mayor parte de estas tareas eran realizadas por su Señora Sra. Norma Lanaro, quien intervenía activamente en las distintas etapas del proceso.
En la época se acostumbraba (en los periodos no reproductivos) la caza de ñandú cuyo cuero era utilizado para la confección de carteras, camperas y calzado. Se trataba de un cuero muy fino, de textura similar al nylon, casi transparente y con una superficie comparable a un panal de abejas. El cuereado se efectuaba mediante una apertura por la zona ventral, extrayendo cuidadosamente las picanas (cuartos) y las alas (alones), procurando no dañar el cuero para evitar su deterioro y la consecuente pérdida de valor comercial. Para ello, los cueros eran espolvoreados con cal blanca y colgados a la intemperie, con el fin de garantizar su adecuada conservación. Las plumas eran comercializadas de manera independiente y se destinaban principalmente a la fabricación de plumeros y relleno de almohadas.
Durante los años ochenta, los cueros de zorros, nutrias y liebres alcanzaron una elevada demanda debido al auge de los tapados de piel natural.
El proceso de curado de zorros, nutrias, liebres consistía en el cuereado en forma de tubo, retirando la cabeza y abriendo las extremidades para extraer el cuero completo, sin realizar cortes. En el caso particular de la nutria, cualquier daño en el cuero reducía significativamente su valor, dado que se utilizaba específicamente para la confección de tapados.
Si por un descuido el cuero del zorro se le cortaba la cola en el procedimiento, el mismo perdía casi todo el valor, porque los tapados de pieles de zorro generalmente se realizaban solamente con el lomo y la cola inclusive
Una vez finalizado el proceso de cuereado y secado en sal la Sra. Lanaro comercializaba los cueros con una peletería de la ciudad de Buenos Aires encargada de la preparación final de las piezas para su posterior destino en la industria textil, talleres de alta costura y marroquinería, así como en la producción de cueros teñidos. Asimismo, en la ciudad de Azul funcionaba otra peletería que también recibía dichos cueros.
Agradecemos profundamente a esta familia por contarnos esta historia que marco la moda de una época.
CONOCES HISTORIAS DE BARRACAS Y CURTIEMBRES TE LEEMOS.