12/05/2026
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, QUERIDO OSCAR. Te vamos a extrañar, y mucho. Te fuiste antes de lo que cualquiera de nosotros hubiera querido, de todos los que compartimos el trabajo, el compañerismo y ese amor profundo por el oficio que supimos transitar juntos: la imprenta, la cobertura, la edición gráfica y audiovisual… esa porfiada y hermosa costumbre.
Siempre estabas listo. Con esa paciencia que te daba la experiencia, con una templanza que muchos admirábamos. Trabajamos codo a codo en todos los frentes: en ATE Nacional, en la CLATE. Pero fue en nuestra querida Pastera donde dejaste una huella decisiva.
Hoy, como cada día, el museo abre sus puertas. Y ahí adentro siguen sonando las producciones que construimos juntos. Porque La Pastera también es tu mirada, tu forma de contar, tu manera de editar, poniendo siempre en valor lo mejor de nosotros.
Recorrimos el mundo Che, y disfrutamos del trabajo como pocos. Compartimos esa complicidad del oficio, ese sabor único de la “cocina” de cada producción.
Cordobés de nacimiento y trosko desde la primera hora, fuiste un gran consejero, un compañero leal y un maestro en más de una cosa. Tu disciplina, incluso en el arte marcial, también fue ejemplo. En lo personal, aprendimos mirar a través del lente con tu óptica.
Dicen que el Che, ante alguien que intentaba establecer un vínculo familiar, respondió: “No creo que seamos parientes muy cercanos, pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es lo más importante”.
Eso fuimos.
Eso somos.
Y eso seremos siempre.