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20/09/2026

Edgardo Fabián "Ruso" Prátola

El Ruso Prátola nació el 20 de Mayo de 1969 en el barrio de Tolosa. Su carrera futbolística comenzó en las inferiores del club albirrojo. El 23 de Octubre de 1988 debutó en Primera División donde Estudiantes, de local, le ganó a San Martín de Tucumán 3 a 1 en el estadio de 1 y 57. En el año 1994 sufrió el descenso, 9 meses más tarde vuelve a Primera División siendo el capitán del equipo.

En el año 1996 fue transferido al León de México donde jugo 3 temporadas, hasta el año 1999 que retorna al fútbol Argentino para incorporarse al plantel de Unión de Santa Fe. Un año más tarde vuelve al club de sus amores y en enero de 2001 se entera que está enfermo.

Diagnosticado con pólipos, y luego cáncer en el colon, padeció una serie de operaciones que no pudieron curarlo. Prátola comunicó abiertamente su enfermedad y luchó hasta el final por su vida. Perdía kilos, pero él siempre tenía fuerza para todo y pidió jugar en el partido contra Gimnasia (ya con 8 kilos menos) sabiendo que podría ser su último partido. Y lo fue, lo disputó el 11 de marzo de 2001 ante el rival de toda la vida, venciendo Estudiantes por 2-1.

El Ruso nunca bajó los brazos; luchó dentro y fuera de la cancha como un León, dejando un mensaje de esperanza y fuerza a todos sus seguidores. En la madrugada del 27 de Abril de 2002, el mismo día que Estudiantes se enfrentaba a Independiente en Avellaneda, en el hospital Italiano, muere acompañado por su esposa y familia. El día anterior, sabiendo que su fin era inminente, le pidió a sus familiares que pase lo que pase el partido no se suspendiera.

El Presidente del club, en ese entonces Cinchetti, le comunica al plantel de Estudiantes, que en ese momento estaba concentrando en el Country de City Bell, la desaparición del Ruso, comunicando también el mensaje que había dejado antes de su muerte. Tal es así que el partido se llevó a cabo el día programado.

Sus compañeros y rivales homenajearon a Prátola formando un círculo en la mitad de la cancha, dando un minuto de silencio para recordarlo. Hasta la hinchada de Gimnasia se sumó a la despedida y colgó banderas con su nombre. Los hinchas de Estudiantes y de otros clubes se unieron en llanto, dejando las diferencias de lado, y por momentos todos los sentimientos fueron para el hombre que demostró su gran fuerza y coraje en la vida.

El Ruso fue reconocido como una persona muy buena, compañero, capaz de dejar todo por un amigo, como lo hizo con la camiseta que lo vio nacer desde muy chico; excelente hombre y padre de dos hermosas criaturas, Lara y Camila, que ahora las cuida desde el cielo. Los restos del Ruso, según su deseo, fueron cremados y esparcidas las cenizas en el estadio de 1 y 57, donde hoy descansa en paz.

Cuando Estudiantes se consagró campeón del Torneo Apertura 2006, sus ex compañeros José Luis Calderón y Juan Sebastián Verón le dedicaron una conmemoración, así como la hinchada del pincha y el equipo en general. Este hecho se repitió tras ganar la Copa Libertadores en 2009 y al consagrarse campéon del Torneo Apertura 2010, cuando el equipo recibió remeras con la leyenda "Ruso Siempre Con Nosotros", luego del pitazo de Pablo Lunati, que lo consagró campeón.

Hasta el día de hoy se lo homenajea en cada grato momento que vive el Club Estudiantes.

18/09/2026
18/09/2026

Roberto “Pacha” Cora

Yo nací en El Churrasco, en 1951, en 118 y 521. La escuela la hice en la 124, cuando era de madera y estaba en 118 y 522. También fui a la escuela de la Medalla Milagrosa, que está en 118 y 523; ahora solo tiene jardín, pero antes, cuando estaba el Padre Callejas, tenía escuela primaria también.

Mi infancia fue muy sana y muy inocente, escuchaba las novelas por la radio, estaba la novela de las 12, las 4, las 7, me gustaba escucharlas porque me hacía volar la imaginación por la manera en que las narraban. Me acuerdo de “Juan Moreira” y “Caballo Pampa”, estaban Héctor Bate y Omar Aladio, que eran los artistas, quienes venían a los teatros y mi abuela iba a verlos. Después fue cambiando todo porque vino la televisión.

Mi abuelo, Juan Damián Cora, era de Pila, era comisario de la policía, mi abuela se llamaba Juana Ludueña y era mapuche; cuando la iba a visitar me llamaba “Aguitas Kia”, nunca le pregunté porque me llamaba así. No sé por qué me llamaba así. Era mucho mayor que mi abuelo, nunca supimos la edad que tenía. Mi abuelo Juan falleció a los 77 años y mi abuela murió cuando yo tenía veintipico de años. Ellos fueron los primeros que llegaron al barrio y vivieron sobre 520.

Mi abuela materna se llamaba María Lezcano y mi abuelo materno se llamaba Juan Granea. Se separaron pronto, yo los conocí separados, y mi abuela materna se juntó con el hermano mayor de mi papá, Alberto Cora, que era mi padrino.

Mi papá prácticamente se crió sólo, tuvo una desgracia de pibe, se quebró la cadera a los 12 años al caerse de un caballo. Estuvo internado en el Hospital de Niños hasta los 16 años. Después de la fractura de cadera le agarró la fiebre tifoidea. Lo querían mucho en el Hospital, lo querían las monjas, así que le permitieron estar hasta las 16, cuando la edad tope son los 15. En el Hospital aprendió a rezar en latín. Cuando salió se fue a vivir solo. Quedó con una pierna más corta que la otra.

Se dedicó a trabajar en los restoranes, de mozo mostrador, trabajó en la confitería Cabildo, en la Querencia; vivía en una pensión, en una pieza con Pepitito Marrone, en la zona de la estación, era el tiempo en que Marrone actuaba con el nombre “Rulito”, su compañera de entonces era “La Gorda”, también actriz, así que formaban el dúo: “Rulito y la Gorda”.

A los 22 años se casó con mi mamá, María Elena Granea y volvió al barrio. Era re-peronista, era de Los Descamisados; le escribió una carta a Evita, en 1951, diciéndole el problema que tenía en la pierna y Evita le contestó mandándole dos nombramientos, uno en YPF y otro en Entel, para que eligiera. El eligió Entel donde trabajó hasta que se jubiló.

Mi viejo nació peronista e hincha de River. El único de River de toda la familia. Fue concejal electo con Framini, cuando Framini ganó la gobernación y no se la entregaron. Conocía a mucha gente pero nunca se dedicó de lleno la política. No sufrió persecuciones pero seguramente siempre estuvo marcado.

Todos los Cora nacieron en el barrio, con las calles de tierra, calles con un foco cada dos cuadras, con una bomba de agua cada tanto; vivíamos todos cerca, nosotros vivíamos adelante, atrás vivía mi abuela con mi padrino, al lado vivía Vera, al lado vivía Nievas; éramos todos amigos, estaban los Ramallo, los Reinaldi, los Mujica, los Rodríguez, los Peralta, los Estrela, los Cognetti (los almaceneros del barrio), los Pedernera (los soderos); todos nos metíamos en la casa de todos como si fuera la casa propia, no tenías que llamar, entrabas y decías “hola”.

En la casa de los Pedernera se hacían las fiestas de fin de año, a la que iba todo el barrio, empezaba las 10 de la noche y terminaban al otro día a las 10 de la mañana. Los grandes bailaban en medio de la calle mientras nosotros jugábamos a la pelota. Al mediodía siguiente se alquilaba un camión o un micro y nos íbamos, todos juntos, a Punta Lara o a la Balandra. Cuando jugábamos al carnaval también jugaba todo el barrio.

Mi papá antes de volverse al Churrasco, vivió un corto tiempo en Ringuelet, donde fundó un Club que se llamaba La Nueva Argentina, al que no conocí; estaba en 1 y 516.

Cuando volvió al El Churrasco fundó, en 1955, el Club Roca, que consistía en un bar, una cancha de bocha y una cancha de futbol. Duró hasta 1958, año en que se lo sacaron y se lo llevaron a dos cuadras.

Alberto Canal, que tenía caballos, había pedido que le llevaran el club para su lado, con la promesa de hacer todas las instalaciones de material, empezaron con un furor bárbaro que se terminó ahí nomás: quedaron las paredes a medio hacer y no se siguió.

Mi viejo les dijo: “Está bien, llévenselo, yo fundo otro”. Al otro día que le sacaron El Roca, fundó el Club Argentino, en el mismo lugar, 118 y 520.

En el acto de fundación estaban mi abuela, Juana Ludueña, mi otra abuela, Maria Lezcano, mi tío, Zenón Diz, mi otro tío, Saúl Cora, el amigo Miguel Very, mi papá, Roberto Cora, mi mamá, María Elena Granea y algún otro más que no me acuerdo.

Era un ranchito chiquito, precario, todo de madera; la cancha de bochas no era de madera sino de alambres a los costados, bien tirantes. Lo primero que hizo mi viejo fue el mástil de material para izar la bandera; para el 20 de junio ya a las 10 de la mañana levantaba la bandera y hacía chocolate. Las Fiestas Patrias para mi viejo eran sagradas.

Mi viejo salía por el barrio, con todos sus amigos, y le iba pidiendo al almacenero, al kioskero, al lechero (que era Luis Palencia que tenía tambo) y así juntaban comida para hacer los juegos de las fiestas: carrera de embolsados, carreras de parejas que tenían atadas una pierna, carreras de disfraces que consistían en correr hasta unas bolsas donde al azar encontraban disfraces que se tenían que poner y provocaban la risa de los espectadores, carreras de sortijas con caballos, que consistían en una sortija que estaba colgada en alto y los participantes, montando caballos a la carrera, tenían que engancharla con un pi**he; carreras de huevos que consistían en correr con una cuchara sosteniendo un huevo. Una vez, una vecina, Teresita Castro, que todavía vive, ganó haciendo trampa, se había puesto en la cuchara un huevo duro que si se caía no se rompía.

El Club se abría las 6 de la tarde, y para los vecinos era sagrado ir todos los días después de trabajar; se juntaban como mínimo 50 personas. El Club se cerraba a las 12 de la noche. Mi papá era muy amigo del Comisario de la Sexta, Gentile, los oficiales hacían el equipo de todos los oficiales de policía y jugaban contra nosotros: estaba el oficial Vallejos, Castillo, Bula; que eran oficiales jovencitos que jugaban con nosotros, eran los mismo que a la noche hacían la ronda por el barrio.

Mi viejo cocinaba muy bien, hacía buseca, a la que le echaba de todo: mondongo, porotos, garbanzos, lentejas, chorizo colorado, panceta, cuero de chancho, todo cortadito; le salía riquísimo pero mientras lo comías transpirabas como tapa de olla; cocinaba para el equipo cuando volvía de los partidos y servía la buseca en una mesa larga que ponía en la cancha de bochas.

Para los bailes traía orquestas, me acuerdo de La Marilán, de Coco Mer (era Coco Bellone y los músicos eran los de la banda de policía), venia el Viejo Calapresti que tocaba tangos con el bandoneón; los sábados siempre hacía guitarreada, venian guitarristas como Faustino, Lorea, Jesús Rodriguez, Miguelo, Juan Bellone.

Mi viejo hacía todo esto sin lucrar, sin ganar nada, pero como quería tener un equipo de futbol tuvo que sacar personaría jurídica, presentando 35 socios, que aportaban una pequeña cuota. Hizo el equipo de fútbol, entró en la Liga, ahora es la Liga Amateur Platense, antes se llamaba Liga Independiente de Fútbol Circunvalación.

El equipo jugó en la Liga y salió campeón de la B, en 1989, en el debut, ganamos en la cancha Curuzú Cuatiá a For Ever, del barrio el Mondongo (el barrio de Favaloro), ganamos por penales la final, 5 a 4, ellos erraron uno y nosotros los metimos todos.

Hicimos una fiesta bárbara. Tuvimos que alquilar cinco micros para llevar a la gente al partido. Al año siguiente entramos en la A, llegamos a la final pero perdimos con Tolosanos en la cancha de Estudiantes. Cuando jugaba El Argentino no quedaba nadie en el barrio, quedaba al barrio vacío.

El Club Argentino duró hasta 1991 (un año después de que murió papá) cuando se empezó a exigir a los clubes hacer todo nuevo, con material, exigían secretaría, baño de mujeres, baño de varones, todo azulejado, cielo raso de yeso; todos los clubes de acá lo tuvieron que hacer pero nosotros no estábamos en condiciones de hacerlo. Por eso hubo que cerrarlo.

Mi viejo era el que manejaba el Club, tenía mucho carisma, la gente lo seguía muchísimo, pero yo, faltando él, lo tuve que cerrar; consideré que el Club lo fundó mi viejo, por el Club se sacrificó mi viejo y el Club murió con él. Fui, lo di de baja y dejé un escrito pidiendo se no se vuelva a usar su nombre. Mi viejo falleció el 14 de febrero de 1990, la fecha de cumpleaños de su madre.

Hoy El Churrasco esta todo asfaltado, con luces, no hay ningún ranchito, todas son casa de material, y muchas de dos pisos, que habitan los hijos de los que vivían en el ranchito y que no se fueron; en El Churrasco somos todos familia, no se fue nadie, nosotros nos quedamos todos, de lo que nacimos aquí no se fue ninguno. Están todos, están porque quieren el lugar, yo tuve mis cuatro abuelos en el barrio, ahora tengo mis todos mis hijos viviendo aquí, cerquita mío.

11/09/2026

Me llamo Mirta Pérez y vivo en Tolosa desde 1.984 pero la amo desde chica, cuando venía a visitar a mis tíos Mele que vivían en 2 bis entre 529 y 530.

Con mis primos Elena y Eduardo solíamos ir al cine Luxor que estaba en 115 bis y 530. Y por las tardes eramos habitues de la calesita de los Pereyra -padre e hijo - que giraba sin tregua en la esquina de 2 bis y 529. Es una pena no tener testimonio gráfico de la misma.

Pasaron muchos años y un día me reencontré con Pereyra hijo, quien justamente vivía a la vuelta de la casa de mis padres en Ringuelet. Me contó que su vida de calesitero había concluido y se dedicaba a reparar televisores. No pude evitar preguntarle que había pasado con la calesita. Me dijo que la habían vendido cuando dejaron la actividad. Desde entonces me quedé con ganas de atesorar uno de esos caballitos que galopaban sin rumbo, pero nos divertían sanamente y nos permitían estirarnos un poco más para alcanzar la preciada sortija.

11/09/2026

Estos son los partidos de la semana

Postales de Tolosa
07/09/2026

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06/09/2026

Pirulo, el Chimango.
(Historias de El Churrasco)

Me llamo Manuel Elías Giles, nací en 1935 en el barrio Villa Albino en Ensenada. Soy hijo de Manuel Giles y de Margarita Rodríguez. La primera vez que fui al Churrasco fue a los 11 años, a la casa de mis abuelos maternos; Los Rodríguez. Ellos vivían en 522, 117 y 118. Con el paso de los meses me quedé a vivir con ellos. En ese entonces trabajaba en Plata Carga (50, 121 y 122). Me crié con mis tíos (Jesús, Pedro y Polo) y mis tías (Flora y Lola). También me hice de muchos amigos; Chiche Zingoni, Pucho Fraccia, Chiche Fredes, el Negro Picapiedra, Moneco, con los cuales pasábamos las tardes jugando al fútbol en el club el Argentino.

Recuerdo mi infancia y posterior adolescencia de una manera muy alegre donde toda le gente se conocía y donde había mucha solidaridad. A nuestra familia le habían puesto el apodo de Chimangos. La historia de dicho apodo viene por parte de mi tío lejano, Agapito Orona, que casualmente había sido boxeador y daba clases en el Churrasco. Con el tiempo mi abuelo (Elías Rodríguez) también se hizo de ese apodo, como así toda la familia. Eran épocas donde más allá de la fama que tenía el barrio de pesado y conflictivo, abundaba la gente trabajadora y honrada. Recuerdo también a mucha gente amiga que vivía en Villa Rivera; los hermanos Batato, el boliche de Bordoni y tantos otros.

Siempre fui hincha de Gimnasia, iba mucho a la cancha, actualmente lo sigo, no le pierdo ningún partido. Vi el nacimiento y crecimiento del Mercado Regional. En ese momento las calles eran de tierra, la 520 y la 120 también.

En la década del 60’ se hacían corsos enfrente del club Los Tolosanos, donde tuve el orgullo de sacar junto a un gran amigo (Gullio Lombardi) la primera comparsa de la zona. En la misma se destacaban componentes como: Cuernito (Redoblante) Los Velázquez (Baile y Tambor), El Turco Saladilla (Bailarín) y el negro Bernechea (Bailarín). La Murga y la comparsa se empezaron a hacer muy populares y tiempo después tuve la suerte de sacar otras más, destacándose Los ases de Villa Elisa, donde hicimos varias presentaciones. Corrían los años y ya había empezado a trabajar en el Puerto de La Plata. Además de la comparsa y el fútbol, tuve otra gran pasión: la Armónica.

A pesar que desde chico sufrí algunas cosas relacionadas con la temprana muerte de mi madre y el conflicto permanente con mi padre y mi madrastra, nunca me alejé de la senda de la honradez y del trabajo. Siempre iba acompañado de mi armónica marca Honner, modelo seductora 48-12.

También recuerdo al club “El Fortín Unido” que estaba en 116, 521 y 522, atendido por Nelson Gonzales. En 1976 me casé con María Ester Moyano y tuvimos dos hijos. El más grande heredó la pasión por la Murga y en el 2013 sacó a Los Pibes de Tolosa. Estoy muy orgulloso de los dos, son mi vida.

Actualmente soy jubilado. Me queda el grato recuerdo de haber vivido en el Churrasco y caminar todo Tolosa. Hay muchos que no están, somos pocos los que quedamos por eso es importante transmitir a los jóvenes y contar nuestra historia.

Como última reflexión grito a viva voz: Viva Tolosa!! Viva El Churrasco y Vivan Los Chimangos!!!

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