26/09/2026
SE LLAMABA ANTONIO Y TRABAJÓ EN LA MANZANA DE LAS LUCES HACE MÁS DE 78.000 DÍAS
Entre la publicación de este texto y la apertura al público de la Biblioteca Pública (hoy, Biblioteca Nacional Mariano Moreno) nos separan más de setenta y ocho mil días. En aquel momento, 16 de marzo de 1812, cuatro personas componían su plantel ubicado en la Manzana de las Luces: dos bibliotecarios, Luis José de Chorroarín y Cayetano Rodríguez; un dependiente, el sargento Juan Carreto; y un encargado de limpieza, mantenimiento y tareas físicas, Antonio.
De este último se ignoran la fecha de nacimiento y el apellido. Se sabe, en cambio, que había sido esclavo del Colegio de San Carlos, el actual Colegio Nacional de Buenos Aires, y que, ya creada la Biblioteca y durante los preparativos de apertura, se convirtió en el primer empleado.
En su paso por el colegio, Antonio se rehusó a servir y fue catalogado de rebelde. Trasladado a la Biblioteca, su gusto por su nuevo ambiente de trabajo mereció los elogios de Chorroarín, que destacó su buena predisposición.
En cuanto a su salario, según las actas de gastos de la institución, Antonio gozaba de un presupuesto de seis pesos y medio mensuales para comida. La Biblioteca se encargó, además, de vestirlo, luego de que, tras un verano, se le rompiera el pantalón, y se le compró otro que costó cuatro pesos. También recibía un pago extra de dos reales por sus servicios y tres pesos mensuales para la compra de yerba.
La Manzana de las Luces es hoy un complejo histórico cultural, un espacio patrimonial fundamental y monumento nacional que se recorre, que se explica y que se exhibe, y que guarda la memoria de aquellos personajes e instituciones que ayudaron a construir la educación, la palabra, la ciencia, la institucionalidad, la cultura y el arte del país. Pero guarda también en su historia a aquellas personas, como Antonio, que estuvieron en la orilla del relato, ayudando a construir con su esfuerzo y sacrificio a la Argentina.