05/04/2025
A propósito de la exposición que se inaugurará mañana en el Museo Nacional de la Estampa, hoy compartimos un poco de la maravillosa obra de Joy Laville (1923-2018), obra que muchas veces fue clasificada como naïf, poco complicada o sencilla, y que en realidad es mucho más compleja; es inquietante y sugerente.
Nacida en la isla de Wight, Inglaterra, Laville tuvo una niñez cercana al mar y al arte; sin embargo, el estallido de la II Guerra Mundial, en la que participó como parte de los cuerpos de observación (Observer corps) de Yorkshire, la obligó a interrumpir sus estudios, pero no su pasión.
A los 21 años contrajo matrimonio con Kenneth Rowe, un artillero de la Fuerza Aérea Canadiense, con quien se fue a vivir a Canadá por nueve años y con quien tuvo a su hijo Trevor Rowe. Tras vivir en Canadá durante nueve años, en 1956 se trasladó a México junto con su hijo, quien entonces tenía cinco años. Se estableció en San Miguel de Allende, Guanajuato y ahí su amiga Carmen Mancip y su esposo James Hawkins fundaron la librería 'El colibrí' en 1959, en la cual se solían reunir algunos intelectuales y en la que Laville trabajaba. Hasta esa librería llegó Jorge Ibargüengoitia a buscar unos libros para dar un curso en la Universidad Americana y allí se conocieron.
Alejada de los círculos artísticos de la Ciudad de México, Laville inició su producción artística mexicana en San Miguel de Allende, hasta que en 1968 se mudó con Ibargüengoitia a la capital, donde su obra empezó a ser más difundida. Joy desarrolló su propuesta artística en completa libertad y su obra estuvo alejada de las tendencias que estaban en boga, es decir, no hace abstraccionismo, geometrismo, cinetismo o conceptualismo. Su obra muestra búsquedas sobre lo cotidiano, la experimentación del color y la espacialidad. Finalmente, lo que nos muestra son otras posibilidades artísticas que estuvieron presentes en México, con gran riqueza y valor como, por ejemplo, el movimiento abstracto.
Ella trabajó acuarela, pintura pastel, gráfica. Su obra se caracteriza por la bidimensionalidad y el uso de planos; su paleta se compone de colores como los lilas, malvas, verdes y azules. Entre sus géneros están los paisajes (principalmente los marinos), el desnudo (sobre todo el femenino, así como representaciones alargadas de la figura humana con una se*******ad fuertemente expresada) y escenas domésticas con óleos de floreros, gatos y habitaciones.