01/08/2026
ANCUD, 1.º de agosto de 1941.
𝐄𝐥 𝐅𝐞𝐫𝐫𝐨𝐜𝐚𝐫𝐫𝐢𝐥 𝐝𝐞 𝐀𝐧𝐜𝐮𝐝 𝐚 𝐂𝐚𝐬𝐭𝐫𝐨.
Nuestro colega «El Llanquihue», en su edición del domingo 27 último, publica un artículo sobre nuestro ferrocarril que titula: «Comité de Adelanto Regional debiera ocuparse de la situación del ferrocarril de Ancud a Castro».
Bien. El artículo es medido y los propósitos que movieron al autor al escribirlo no pueden ser más sanos. Desea, como nosotros, como el Comité de Adelanto y Defensa Local, que al citado ferrocarril se le den los elementos de vida necesarios para que pueda desenvolverse sin tropiezos.
En más de una ocasión hemos hecho su historia y no es oportuno volver hacerla de nuevo. Nuestros lectores y Chiloé todo la conocen, porque es de ayer solamente. El ferrocarril de Ancud a Castro fué el resultado de una necesidad imperiosa que se hacía sentir desde los días de la colonia: tener una vía segura de comunicación con los vecinos departamentos.
Y como la vía marítima era larga y peligrosa en la época de las lanchas y goletas, se hicieron todos los esfuerzos imaginables por mantener en buenas condiciones el camino Caicumeo que divide la isla de norte a sur en dos mitades. Pasaron los años y esto no fué posible con el sistema inconsulto de las reparaciones superficiales y mal hechas que han perdurado hasta el presente.
Fué necesario que un periodista, el Pbro. don Carlos Miller, iniciara por la prensa una campaña tenaz en favor de un ferrocarril a Castro y que un gran ciudadano, más tarde presidente de Chile, el señor don Pedro Montt, que meció en esta provincia su cuna política, viniera de a caballo desde Castro hasta este puerto para que se construyera el actual ferrocarril.
Pero se hizo en forma tan deficiente, tan descuidada, que si el ilustre mandatario, que palpó de cerca la urgencia de esta obra, conoce sus defectos, no habría permitido su recepción.
Al presente el ferrocarril de Ancud a Castro es, nada menos, que un mueble desvencijado que anda porque Dios es grande. Le faltan carros y locomotoras. Los rieles se hallan sueltos, por falta de durmientes; el suelo en que éstos descansan ha perdido su nivel; los puentes fallan; las alcantarillas zozobran, etc., etc.
¿A qué seguir enumerando las condiciones deplorables de nuestro único y pobrísimo ferrocarril?
Un viaje a Castro o de Castro a Ancud es una verdadera penitencia. Los pasajeros se sientan amontonados y no pocas veces en el carro de la leña o donde van los animales. Para colmo de desdicha, las góndolas también se hallan en muy mal estado de conservación, lo mismo que el autocarril. Ni el administrador ni el personal tienen la culpa de que las cosas marchen como marchan.
El administrador seguramente ha hecho notar las deficiencias; pero sus voces quedan aplastadas con las notas entre la montaña de papeles con que hoy día las direcciones encubren sus desaciertos.
El Comité de Adelanto Local comenzó a ocuparse del ferrocarril a Castro desde su segunda reunión, con el interés que le merecen los problemas del archipiélago; creemos que otro tanto ha hecho y hace la autoridad administrativa.
El articulista de «El Llanquihue» nos ha dado ocasión para insistir una vez más acerca de la necesidad que existe de proceder sin demora a dotar de los elementos que requiere el único ferrocarril con que cuenta el archipiélago. Y como ésta no será la última vez que tengamos que referirnos a un servicio público que reclama mejoras y reformas inmediatas, dejamos para otra vez una serie de observaciones que el dicho servicio nos sugiere.
Imágenes:
1) Estación de Tren Ancud. (imagen colorizada).
2) 1 de agosto de 1941, Diario La Cruz del Sur.